Cuando comienza a rodar el balón se empieza a jugar el partido, esto es una obviedad, el partido externo, el que todos ven, el que después se analiza y tiene análisis público y análisis profesional ,ese que se hace de puertas a dentro entre los profesionales de cada club. Pero también hay otro partido que se está jugando y comienza ya días antes, que continúa en las horas previas y que finaliza a la misma hora que el otro, me refiero al partido interno dentro de la cabeza de cada futbolista.
En el partido que se plasma en el terreno de juego, uno se opone al otro y viceversa. El que no se ve, se juega contra la falta de atención, el miedo, la limitación de concentración y los nervios y todo ello de manera automática e involuntaria. Si pierdes este partido, seguro que perderás el que ven los de afuera y semana a semana irás cayendo. Porque este juego interno es demasiado importante, porque tiene lugar en la mente, y esta es la que ordena al cuerpo y acabará contaminado lo que estamos haciendo.
Los futbolistas llevan su rendimiento al extremo en cada partido y en fracciones de segundo, no digo nada extraordinario, lo que sí es diferente es jugar partidos a principio de liga, a mitad de liga y a final de liga y vivir ajeno a todas las tempestades que te rodean. La repercusión del resultado no es el mismo cuando faltan seis meses para terminar que cuando faltan seis semanas para hacerlo. Estar sometido a la presión que no cesa, sino todo lo contrario, va en aumento, al riesgo permanente hace que los futbolistas se anulen o reduzcan su efectividad de rendimiento. Muchas veces se dice, yo le he escuchado últimamente en mi club. ¿Si antes plantábamos cara aquí y allá porque ahora no?, por mucho motivos, no solo por la actitud a la que todo el mundo atribuye cuando no consigues lo que persigues. A lo mejor en los primeros meses hay equipos que tienen menos actitud y esfuerzo y consigues doblegarlos. Recuerdo a equipos de mi liga en las primeras posiciones, Sabadell y Guadalajara por citar a dos, a medida que esto se va acabando, todos tienen muchísima actitud, tu conservas la tuya pero es la de los demás la que han cambiado para bien, todo ello que reflejado poco a poco en la clasificación y los equipos a los que tu ganabas por actitud y tesón, ahora dejas de hacerlo, porque ahora son tiempos finales en los que se gana por calidad, el arma de la actitud quedó anulada hasta que empiece la próxima liga.

El fútbol es un proceso semanal a través de un entrenamiento que no perdona el descuido porque precisamente está montado para los resultados positivos. Estar obligado a triunfar siempre produjo y lo seguirá haciendo, muchos quebraderos de cabeza, la noche pasada lo vivió en sus carnes el Athletic de Bilbao en su final europea. Si ganas convences, si no lo haces, fracasas. El análisis está vinculado única y exclusivamente al resultado, no al tránsito del partido.
Al principio del párrafo anterior, hablo de un proceso semanal, pero no un proceso cualquiera, es un momento ante todo de esfuerzo voluntario, no un tiempo para cubrir objetivos plurales y para eso me pagan. Aprender es y debe ser la obligación o el imperativo de cualquier futbolista tenga la edad que tenga, porque cada semana se necesita vencer porque es obligatorio el examen ante la opinión pública, como ayer tuvieron los finalistas de nuestro país en la final de la Europa League.
Entrenarse es mucho más que asistir al entrenamiento con puntualidad, con el deseo de cumplir una obligación contractual que te liga a un equipo y con la esperanza de que ese trabajo de los frutos apetecidos. No es solo cuestión de salir al terreno de juego cada mañana, con la ropa de entrenamiento asignada, ya se cumplieron los convencionalismos de la puntualidad y ahora solo cabe examinar los contenidos que van a ser objeto del entrenamiento, la forma o modo de realizarlo y las actitudes que fundamentan el fondo, que es lo que hacemos hoy, como la forma.
Siempre he pensado y soy esclavo de esta creencia, que un partido es el entrenamiento del entrenamiento. Cada lunes, es lo que sucedió, es la verdad en síntesis del entrenamiento, los noventa minutos que resumen las horas anteriores sufridas.
No queda otra, después se gana o se pierde muchas maneras, todos lo hemos hecho. Ganar sin merecerlo porque tenemos mejores jugadores que los demás, vencer por el error del árbitro, triunfar por nuestra puntería y la desgracia del rival en las áreas y así sucesivamente pero solo hay un camino: CORREGIR ERRORES Y APUNTALAR ACIERTOS.
El valor individual es algo cuantificable, es la aportación
del hombre futbolista en la temporada anterior casi siempre, lo que produjo allí donde
estuvo, dentro de un contexto global incrustado en una idea de juego.
El valor global de un equipo no es el valor individual sumado entre once que salen de inicio, unido a tres más que participan después. Es convertir a ese grupo en algo más valioso, no es suficiente la suma de todos, es mucho más que eso. Siempre tiene que haber un incremento de rendimiento, una plusvalía digamos. Esta mejora adicional la encontramos en equipos en el que el valor individual es uno, y su valor global se multiplica, no es la suma de los talentos.
Un equipo de futbol tiene que convertirse en un ser vivo, en el que existen relaciones, diálogos, uniones, simbiosis etc. Algo que tiene vida propia y autónoma. Algo que nace, crece y se desarrolla a lo largo del tiempo, que sufre evoluciones, que van consolidando su personalidad, sus señas de identidad, sus credenciales. Estas son las que tiene que exhibir un equipo en el recorrido de una competición en el tránsito hacia lo que uno persigue.
Un equipo no son once con la misma camiseta, es mucho más que eso. Todos nos hemos encontrado a grandes jugadores que no son capaces de hacer un equipo grande y viceversa, la historia es testigo, porque un buen conjunto es aquel que juega como un equipo en los cuatro momentos del juego: Organización defensiva, ofensiva y la frontera entre ambas, las transiciones. Los momentos críticos del juego, los que aniquilan a los equipos en el fútbol moderno, en el fútbol de hoy junto con el balón parado en las áreas.
El equipo tiene que valer más que la unión o suma de las calidades individuales, es obligatorio que así sea, porque nos podemos encontrar que solamente ellos no consigan convertirse en un gran equipo. Este será el refugio en la adversidad cuando las cosas se tuerzan y el rendimiento del equipo no sea el deseado.
