Ayer quedó demostrado que un partido de fútbol es siempre un
historia concreta de hora y media de esfuerzos. En la competición todo es
distinto, como distinta es la historia de cada día. Ni el futbolista se
comporta hoy como ayer, ni el contexto de los partidos se repetirá nunca.
Debido a ello esperaba con impaciencia ver la respuesta del Real Madrid ayer y captar la maniobrabilidad en cuanto a recursos de su entrenador. Mouriño demuestra con su conducta que es un obsesionado con el futuro reciente, sabe que el pasado no puede cambiarlo.
Todos sabemos que existe una tendencia a recriminarnos interiormente lo que no se ha hecho, o no ha salido bien; algo que vivió en sus carnes el equipo blanco en el partido de ida. Es una auténtica pérdida de tiempo, no se puede cambiar el pasado. Es mejor verlo como una experiencia que, en cualquier caso, es siempre necesaria y positiva de cara al futuro, porque puede ser el cimiento de próximos triunfos. Está claro, si te interesas por el futuro, sacarás rentabilidad al presente, en esto José Mouriño es un maestro, ayer desde mi punto de vista dió una verdadera clase.
Ganar en fútbol es complicado, lo que no es complicado es merecer ganar. Después puede ocurrir que Ozil chute a la cruceta o que Alves chute por toda la escuadra. Ni lo primero será por culpa de Mouriño , ni lo segundo ocurra gracias a Guardiola, pero será el factor incontrolable de la puntería que hará que un equipo esté más cerca de la victoria y por consiguiente tu rival en el bordillo de la derrota. La suerte en este deporte juega, no hay que justificarse en ella, solamente nos queda pensar, que ella siempre es el resultado de lo que tu provocas, la forma en la que haces las cosas, será tu suerte.
La moraleja que extraigo de ayer, es que el Madrid persevera, no se desespera y su entrenador menos aún. Mouriño es perseverante y por tanto constante, como la espera. La supremacía de los equipos es cíclica, el Barça hoy es amo y señor merecidamente, pero no debe descuidarse.
Como dice Xabier Gabriel en su libro NADA ES IMPOSIBLE: Si ves aproximarse el buen tiempo, debes saber que llegará también la lluvia, el frio y el viento, porque siempre han de suceder las estaciones. Aprovecha el otoño para renovar, el invierno para podar, y la primavera, para abonar. Un buen día llegará el verano y entonces recogerás y disfrutarás.
Todos sabemos que Mouriño no pierde el tiempo en debates
estéticos, a él lo han traido al Real Madrid para ganar, y ganar significa derrotar
al equipo que tiene la hegemonía en este ciclo futbolístico de los últimos tres
años.
Se habla de la estética porque su rival gana y brilla, porque posee a los mejores para hacerlo, futbolistas únicos y exclusivos, de los que nunca tuvimos en España y ahora disfrutamos, por eso entre otras cosas somos campeones del mundo. No somos campeones porque juguemos así, España es campeona porque conjunta a un ciclo de jugadores geniales que nadie tiene en el mundo y que nunca tuvimos. Además de ello, la mayor parte de ellos juega en el Barça, con Alves y Messi de complemento.
Después de un partido se inicia un debate siempre, el fútbol es grande, entre otras cosas porque todo el mundo opina, todo el mundo se siente capaz de insinuar, de corregir y casi hasta de dirigir a un equipo. Es algo asumido por todos los profesionales, hasta comprendo que así sea y no lo considero malo. Debido a ello, este deporte es el más importante de las cosas menos importantes. De hecho es tan bonito que hay personas capaces de opinar una cosa y la contraria en función de cómo haya acabado un partido.
Ayer asistimos al mismo partido del final de copa de Mestalla, pero con ganadores distintos. Otra vez Pepe de medio centro y su equipo ofreciendo los mismos argumentos futbolísticos ante el equipo blaugrana. Como solo vale el triunfo, esto condiciona los análisis, esto lo sabrá Guardiola cuando su equipo deje de ganar, porque nada perdura, nada permanece.
El Real Madrid sigue con su agonía, el suplicio que supone tener que ganarle a un plantel que es mejor, no es capaz de liberarse de momento. Solo volverán a sentirse completos cuando derroten de nuevo al Barça y lo que es más importante; tutearlo en el campo. Es muy doloroso que el Bernabeu sea uno de los campos más rentables del equipo catalán, es la pura realidad de un equipo superior que solamente su falta de actitud contra terceros permite al Real Madrid disfrutar del liderato.
Mouriño ayer eligió un camino para derrotar a su rival, un camino que yo creo que le ha costado más que una derrota, ha perdido y derrochado mucho prestigio en el madridismo. Contra el Barça lo normal es perder, pero hay muchas maneras de hacerlo. Jugando así, el Inter eliminó al Barça en el Nou Camp, es cierto, pero se necesita que tu portero sea el mejor del partido y que los blaugranas fallen más de lo debido como ocurrió ese día y no sucedió ayer.
Los estilos vienen marcados por el tipo de futbolistas que alineas, tu formato para atacar y el posicionamiento para recuperar que empleas, mirando esto, uno ya puede intuir las intenciones de un equipo. Mouriño eligió una manera de intentar ganar, pero también una manera de perder. Una manera de perder, que daña demasiado la imagen de un equipo y derrocha demasiado el prestigio de un entrenador.
Soy de los que cree que la estadística es una herramienta
imprescindible a tener en cuenta a la hora de evaluar el método. Pero sin
olvidar que en este deporte los números favorables en cuanto a parámetros
importantes , no verifican de manera absoluta el triunfo. Ayer sin ir más
lejos, La Real Sociedad domina el dato de la posesión de manera más o menos
holgada, unida más o menos a las aproximaciones al área y encaja seis goles en Mallorca que la dejan eliminada.
No me canso de repetir que el fútbol se decide en las áreas, siempre en momentos de precisión. Es muy importante la frecuencia de las llegadas que consigas y concedas, siempre serán indicadores de lo bien hecho o de tus miserias. Pero esto no es baloncesto o balonmano en el que tu echas una ojeada a la estadística y sin saber el resultado final, tu ya te puedes imaginar quien venció.
He hecho esta pequeña introducción porque no me identifico con lo que muchos piensan sobre números y cifras. Saber de fútbol no es conocer una retahíla de datos. Confunden el saber con la información. Para saber hay que estar informado, porque es más importante discernir que información es valiosa y cual no.
Por poner un ejemplo: Messi el actual balón de oro lleva en la liga doméstica 17 goles convertidos, pero solo uno fuera de casa. ¿ Que concluimos a partir de este dato?. ¿ Quizas debido a ello el Real Madrid le ha sacado 8 puntos en 16 jornadas al Barça que ha minimizado con la 17 en la victoria en el Bernabeu dejando el guarismo en 5 de desventaja solamente?. ¿ Debido a la poca atribución del argentino como visitante, los blaugranas están dejando escapar una liga?. El dato así lo indica.
Vivimos en la era de la información, pero por momentos pienso que nunca hemos estado más lejos de la verdadera sabiduría. Por tanto, el exceso de información no debe cegarnos, desorientarnos, confundirnos ni aturdirnos. No pensemos que el exceso de información, disponiendo de muchos datos, dominaremos un tema, cuando lo que puede ocurrir es que los datos nos dominen a nosotros mismos.
La realidad solo es una, la estadística aplicada al fútbol, a un deporte que se ejecuta con las extremidades torpes, es un saber imperfecto, siempre aproximativo. Por tanto, no nos bombardeemos con datos estadísticos que si bien es cierto no debemos de obviar, jamás nos deben de condicionar.
Por todo ello un buen entrenador tiene que saber de fútbol, no entender de fútbol, que parece lo mismo pero no lo es. Entender de fútbol, entienden miles de aficionados. Debe conocer a sus jugadores, uno a uno, con sus características físicas, tácticas y psicológicas. Estará al tanto de las múltiples circunstancias que rodean a una competición y cada partido en cuestión. Tomará decisiones que afectan a miles de personas, (a cada uno de sus aficionados), y que tienen un coste elevadísimo, así como combinar todas las piezas para que el equipo funcione.
Si se gana, funciona. Si no se gana no funciona. El entrenador será participe en las victorias, el último en ser aplaudido la mayoría de las veces, si se vence. Y culpable directo en las derrotas, el primero en ser despedido casi siempre.
