Queridos compañeros:
No soy hombre de dar recomendaciones ni consejos futbolísticos. Cada uno de nosotros vive el fútbol de una manera distinta, con un criterio diferente y destacando unas prioridades en el juego, que para unos son lo adecuado y para otros, todo lo contrario. En lo que sí estamos de acuerdo es que este deporte de alta competición es muy exigente, y que ganar es muy necesario, porque sino se convierte en una guillotina implacable contra los que no lo hacen.
Ganar y gustar deben de ser nuestras prioridades respetando el orden. Un entrenador de la NBA decía: "Los equipos que ganan son los que se divierten, y los que gustan y no lo hacen, echan al entrenador. No perdamos la perspectiva, pues lo prioritario no es otra cosa que el triunfo, una semana sí y otra también".
Dicho lo dicho, creo en los entrenadores globales, sin etiquetas, ocurre que hoy, en el fútbol moderno, o en cualquier deporte colectivo, hay un nivel de oposición elevadísimo, sólo puede alcanzar el objetivo propuesto, quien tiene un nivel muy alto de orden y agresividad defensiva. No puede atacar bien, quien no tiene una sólida base defensiva.
Lo más importante es defender bien, así atacaras mejor y más veces. Creo que el equipo es un todo y, por lo tanto, una globalidad. Por mucho que se tenga intención de jugar un fútbol ofensivo es siempre obligatorio sostener defensivamente esa idea, ese estilo.
En esta reflexión, no quiero obviar el apartado que salpica directamente a los jugadores, a esos protagonistas que con su trabajo hacen bueno, malo, o mejor a un entrenador. Creo firmemente en la figura del míster como hombre que ayuda a vencer, pero no hay que olvidar que los futbolistas son los verdaderos ‘actores’, batiéndose cada semana con sus rivales, todos persiguiendo un mismo objetivo.
Como entrenadores, podremos considerar todos los conceptos, estructurarlos, mecanizarlos, y entrenar todos los momentos del juego: la organización defensiva, la ofensiva y los momentos críticos como las transiciones, que son las que te hacen ganar o perder en el fútbol moderno unido a los reinicios a balón parado cerca de las áreas.
Después llegará el momento de los futbolistas. Su creatividad, el detalle, la inspiración de cada jugador en el momento de afrontar una situación inesperada, que puede dar al traste con el guión y las ilusiones del rival.
En nuestra mano está a pesar de lo comentado en el párrafo anterior, tener todos los apartados del juego debidamente entrenados y no debemos perder la perspectiva del trabajo bien hecho y que el azar influya en la menor medida posible en este deporte que también es un juego, y que muchas veces gana quien no lo mereció.
No quiero extenderme más, solo quería compartir con vosotros algunas de mis creencias, fruto de mis vivencias reflexionadas a partir de algunos momentos de gloria y muchas derrotas que me han sido de gran ayuda para intentar ser mejor entrenador cada día.
