En el fútbol como en otros órdenes de la vida, no hay una certeza, un si absoluto, ni un imposible por hados del destino. No existe un no porque si, casi todo es relativo. Momentos de ánimo, curvas de rendimiento, euforias, decepciones y depresiones de algunos elementos en cada equipo, goles en el último minuto que dan la victoria en el único disparo a portería o rebotes malintencionados que hunden en la miseria después de haber realizado un gran partido. El éxito normalmente se circunscribe en conjuntar todo lo positivo, minimizar al máximo lo menos favorable y tirar para adelante

De ahí que dejarse llevar por lo que ordenan las vísceras sea una mala elección, para el fútbol y para la vida. Por eso, introducir en el reduccionismo un liderato o un puesto en descenso en fútbol, llama siempre a error. Tenga lo que tenga deparado el futuro para cualquier equipo.

Supeditarse al resultado es algo aceptado por todos voluntariamente, de hecho, ya de entrada la aceptación de la derrota rompe con cualquier connotación hostil contra la competición y evidencia el carácter humano del esfuerzo que acompaña a cada futbolista en cada partido en su intención de vencer.

Si entendemos y comprendemos que la competición tiene que ser antes colaborar que luchar contra alguien, el resultado también es algo con lo que se cuenta inevitablemente y no algo contra lo que se lucha constantemente. Si uno está preparando una carrera, labrándose su futuro porvenir, es lógico que entre sus previsiones cuente con los exámenes y con las evaluaciones, y es algo que es necesario integrar como algo positivo en la vida de esa persona, en las diversas etapas en las que está discurriendo. Pero si uno considera esas pruebas como obstáculos o como enemigos en vez de admitirlas como la ocasión que se le brinda para triunfar, sería preferible que no estudiara, que el jugador no compitiera y que el entrenador abandonara su cargo y dejara de sufrir.

Entiendo que la competición a medida que avanza es más estresante, que el nerviosismo u otra dimensión limitativa de la personalidad de jugadores y entrenadores tiene que aparecer fugazmente, que la madurez y la inestabilidad puntual son compatibles, pero caer y recaer en el desasosiego reiteradamente indica que uno no es apto para la competición.

No acepto topicazos de la magnitud de: nos pusimos nerviosos, nos atenazó la responsabilidad, la ansiedad, que la mayoría habla de ella constantemente y muchos no saben ni lo que es. Porque estar dispuesto para responsabilizarse de la competición significa dominarse psíquicamente para la confrontación. No admito esa dimensión negativa que contagia a todo el mundo, que afecta al equipo al completo que decide venirse abajo, como si de un contagio extraño se tratara. Claro que puede haber desmoralización y puede ser algo contagiosa pero hay que preverla, anticiparse a esa apatía y afrontar esa contrariedad puntual y pasajera.

Mientras no se acepte voluntariamente esos resultados negativos, jugadores y entrenadores y no se traduzca esa aprobación de sí mismo en voluntad de futuro que nos conducirá a tolerar y superar las dificultades que aún están por llegar, seremos una eterna marioneta, sin rumbo que nos convertirá en hombres sin cimientos y en perfectos inexpertos.

Conozco este deporte y sé que una de las secuelas de más difícil precisión y de más difícil remedio es la que se origina a raíz de los resultados que unos llaman justos y otros injustos, según le haya ido a cada uno en la competición. Perder cuando se reconoce la superioridad del contrario duele, pero no traumatiza. Pero cuando se pierde y se afirma que todo ello es injusto, parcial etc. Entonces sí que hay que preocuparse porque la recuperación mental al sentirse injustamente tratado puede ser momentánea o puede llevar mucho tiempo. Nos encontramos con jugadores y entrenadores que siguen dándole vueltas al asunto, la memoria de esa injusticia es constante, principalmente porque se alienta desde uno mismo.

Siempre hay que contar con esos momentos injustos, es nuestra obligación, si no lo hacemos solo podremos presumir de inmaduros para la competición y esta nos irá descalificando poco a poco y