Los entrenadores necesitamos conocer el distinto tiempo de asimilación de nuestros jugadores. No todos lo aprenden a la misma velocidad, ni interiorizan en el mismo instante, no todos los ejecutan de manera inconsciente, incorporando a su tiempo vital esas enseñanzas.

Te encuentras con jugadores que comprenden y asimilan lo que se les propone con facilidad pasmosa, sin que les cueste casi nada poner en práctica lo que han aprendido. Otros con mayor esfuerzo, van incorporándolo a su vida profesional. Y hay quienes tardan y sufren en darse cuenta de lo que se les está proponiendo, y a duras penas siguen eficazmente las propuestas de su entrenador, proceso este que puede durar semanas, meses e incluso acabar una temporada y no haberlo interiorizado en ningún momento.

Nunca basta, al menos en teoría la exposición clara de unos conceptos a una plantilla. Claridad que puede ser oscuridad para algunos jugadores. No todos entienden a la primera ni a la segunda lo que se les dice, aunque ellos no lo digan ni lo reclamen. Y no es precisamente por falta de voluntad.

Siempre existen momentos de distracción que no tiene porque ser voluntaria, existen momentos en los que se produce de manera involuntaria, hasta el cansancio que no permite tener despierta la curiosidad o no facilita tener la retención fiel por la memoria de lo que se expone.

Por parte de los entrenadores es vital comprender es tiempo de asimilación de los jugadores, porque supondrá disponer de unas herramientas indispensables para tener éxito: como exigir, como imponer un determinado ritmo de trabajo en proporción a sus cualidades.

Obviamente, se necesita después la colaboración sincera del futbolista. Si no presta desde el principio una disposición abierta a trabajar conjuntamente con el entrenador, será inútiles cuantos esfuerzos se realicen para ser eficaces en los partidos. No puede asimilar quien no acepta ser enseñado, quien no se manifiesta dispuesto a atender. También nos podemos encontrar con la capacidad de aguante del jugador, de la capacidad de encaje de un jugador frente a sus obligaciones, muchas veces por su monotonía, por la perseverancia que se solicita, por su dureza que puede suponerle un desgaste físico y psicológico siendo un freno para toda asimilación.

Otro apartado indispensable para lograr la sintonía adecuada entre lo que se propone y lo que se asimila es la capacidad de los jugadores y su entrenador para navegar y asimilar las exigencias que proceden del trabajo en común. Nunca es lo mismo la repuesta individual ante lo que se propone que la colectiva. Hablar de fútbol es hablar de comunidad de intereses, entender todos lo mismo, responder a la vez. Todo ello definirá la categoría del compromiso de la asimilación de lo que se aprende y entrena en beneficio de todos.