Dentro de cada club, en el interior de cada vestuario conviven y coexisten intereses variopintos, ya no dentro de cada futbolista sino dentro del equipo. No tendría sentido un equipo que no aglutinara los intereses y coincidieran o no tuvieran nada que ver con los del entrenador.

Reconozco que a un entrenador le compete la obligación de facilitar la realización libre de sus acciones deportivas o de unas férreas normas de convivencia que impidan sus manifestaciones espontáneas y creativas. No hay que confundir disciplina con seriedad u obediencia, no se trata de amaestrar a unos jugadores indicándoles el aquí el ahora, el modo y la continuidad de fabricar ocasiones de gol y evitar las del contrario. Se trata de mostrar caminos que conducen a la portería contraria y cerrar los caminos que llevan a la nuestra, pero que ellos tiene que identificar y resolver de manera automática e inconsciente para ahorrar energía.

El futbolista tiene que sentirse libre en el campo, de acuerdo a unas pautas de juego que se deben cumplir, eso si, más libre que condicionado, más responsable que obediente en el mero cumplimiento de unas órdenes

Los intereses dentro de una competición varían con la edad de los jugadores, como en la vida varía en función de la edad de los hombres. Un futbolista joven trata de hacerse camino y paso en su equipo para convertirse en un hombre exitoso, el del veterano porcentualmente trata de conservar su status y su puesto. Ambos y cada uno a su manera tiende hacia la actividad competitiva con una dosis de voluntad distinta, sin reservas o reservándose muchas veces, con miedo por encima de todo o sin miedo a nada. Es el signo de la competitividad dentro de un mismo equipo con sus características positivas y negativas.

Los intereses califican el talante del jugador, su voluntad, su conducta, su perseverancia y su actitud como impulso que antecede al rendimiento. Siempre hay una elección en lo que hace, y siempre se ha de tener presente que la elección que hace, le hace a si mismo.

Después viene la motivación, estrechamente relacionada con la voluntad del jugador, se necesitan jugadores que acepten las situaciones más comprometidas de la competición, los que no lo acepten, se escapan de la competición y no sirven para ella. Están presentes en el campo como los primeros pero están ausentes de los acontecimientos que allí se producen.

Una liga siempre es larga, necesita de jugadores que sepan tolerar las adversidades como parte de su trabajo, uno no siempre puede elegir la situación en la que se encuentra, pero si se puede elegir la respuesta a esa situación, porque esa adversidad es un momento para aprender, siempre los fracasos enseñan al hombre algo que debe de aprender y la perseverancia es lo único que se necesita para terminar lo que se empieza y hoy para mí ya se ha terminado.