Siempre los grandes progresos en cualquier ámbito requieren de mucho trabajo en silencio, de muchas horas en la sombra, de esfuerzos sucesivos, de vivencias compartidas o momentos en solitario; de lo contrario se convertirían en pequeños logros efímeros que en seguida se esfuman y al final dan lugar a pequeños esfuerzos dolorosos que nunca alcanzan a ver la luz de la experiencia.

Siempre se trata de sacar los aprendizajes útiles de las vivencias, cada semana, en cada partido que disputas; siempre suceden. Todo tienen utilidad en nuestra vida profesional, porque de todo se puede aprender algo, para cosechar o desechar. Es difícil controlar los sucesos que giran a nuestro alrededor cada día, somos conscientes de esta realidad pero en muchos momentos, la evidencia nos demuestra que muchas veces nos empeñamos en no aceptar este hecho, en una lucha estéril como agotadora.

Aunque parezca demasiado crudo, esto es lo que hacemos habitualmente los entrenadores y caemos en uno de los errores más característicos de la sociedad, creer que nuestro bienestar depende en gran medida de los demás, del entorno que nos envuelve. Es cierto que si vencemos, tenemos paz unos días, pero nuestra obligación es extraer los aprendizajes útiles de las situaciones más desagradables, para ello se necesita usar la inteligencia y las experiencias adquiridas que no es otra cosa que las vivencias antiguas debidamente analizadas y reflexionadas, pero si en lugar de hacerlo por este camino, nos dedicamos a lamentarnos o a buscar argumentos que justifiquen el malestar caeremos en una falsa niebla que nos condicionará los análisis y será decisivo para no encontrar los caminos adecuados en nuestra lucha diaria.

Decía el malogrado Luis Aragonés cargado de razón que el fútbol es ganar, ganar, ganar y volver a ganar. Yo añadiría que el fútbol es presente, presente y volver al presente, cada día de cada semana, te sientas dañado o adulado por los demás; da igual, ese presente es nuestro principal activo. Es cierto que ese presente a veces es incómodo por muchas circunstancias que no lo favorecen. Pero siempre a la larga podremos sacar las conclusiones adecuadas, se trata de aprender de los malos momentos aunque lo hayamos pasado mal, yo trato de hacerlo cada día aunque sea un esfuerzo laborioso.

Muchísimas veces cuando volvemos la vista atrás y vemos como algunos acontecimientos que entonces vivimos con mucha tristeza y los tildamos de difíciles, a lo mejor fueron cruciales en nuestra carrera, porque gracias a ellos fuimos capaces de dar determinados pasos, o tomar ciertas decisiones que de otra manera nunca hubieran ocurrido porque no hubiésemos alcanzado nuestros límites y vencerlos.

Reconozco que en nuestra profesión a veces nos cuesta ver lo evidente, lo que está pasando por delante de nosotros, y es difícil porque perdemos objetividad, estamos metidos demasiado en la acción y no miramos con perspectiva. Siempre nos sentimos atrapados por alguna circunstancia del fútbol o del juego, que nos ciega hasta el extremo de creernos, de nuevo, que estamos ante un problema de difícil solución. A veces tan solo es necesario unas horas, unos días o una jornada de liga para darnos cuenta de que lo que veíamos negro y oscuro parezca nítido y claro, pero nunca aprendemos, porque al próximo contratiempo casi siempre estamos dispuestos a ver todo turbio en el horizonte.

Observar lo que ocurre a nuestro alrededor, será la mejor manera de aprender, siempre que nos esforcemos por mirar y reflexionar sobre lo que vemos, de esa manera nos haremos mejores en nuestra profesión y no nos convertiremos poco a poco en peores, para avanzar con las máximas garantías hacia el partido siguiente.