En fútbol siempre hay que vivir el presente, el hoy y el ahora, sin los condicionantes del pasado, siempre el día a día es el mañana de ayer. Es una tarea complicada porque liberarse de condicionantes negativos de partidos pasados no es misión sencilla, trasladan pensamientos, creencias que en nuestro presente aún nos siguen condicionando.

Los resultados negativos a veces son demoledores para la estabilidad emocional de los profesionales, en muchas ocasiones el problema no consiste en coger un camino equivocado, sino en no ver ningún camino. Hay momentos en que el calendario, los resultados, la competición y por tanto el destino parece ponernos a prueba. Nunca hay que perder la confianza porque sino todo se desmorona, aunque resulte extraordinariamente difícil a veces reaccionar en esos momentos de resultados complicados, pero es ahí cuando hay que luchar y no dejarse llevar por el desencanto de la mayoría y la decepción de todos.

Como entrenadores desde fuera, lo mejor que podemos hacer es mostrar confianza en las posibilidades de nuestros recursos humanos, pero también nuestra determinación en esa lucha interna que vive cada futbolista para que no abandonen y tiren la toalla.

La liga siempre continua, la competición avanza y calendario no se detiene, los meses transcurren, el futuro llega con o sin nuestro consentimiento, estemos o no preparados para recibirlo y puede ser tremendo si dejamos que nos pille por sorpresa. Prepararse para los partidos venideros, para los meses que se acercan es la obligación de los profesionales del fútbol, todos nuestros esfuerzos se tienen que dirigir en asegurar ese futuro deportivo inmediato que se convertirá en presente a la vuelta de la esquina.

A veces vivimos el fútbol con tantas prisas y tensiones en nuestro día a día que ni levantamos la vista para mirar el horizonte, tenemos una visión muy reducida y no nos permite contemplar por donde vamos ni hacia donde queremos llegar, si miramos para el calendario venidero, para el horizonte y solo vemos polvo y humo difícilmente podremos ver los caminos y mucho menos divisar las metas, todo esto se convierte en energía inútil que terminara por agotarnos.

El fútbol se tiene que vivir con ilusión permanente, sin ella perdemos fuerza y si no hay un timón que nos guía, el juego se convierte en un cúmulo de obligaciones sin sentido, de esfuerzos a veces malgastados, de falsas responsabilidades ficticias y de insatisfacciones permanentes.

La mejor conquista del futuro deportivo es el día a día vivido con entusiasmo, pasión y compromiso en un marco de realidades presentes, con una meta constante que es prepararse lo mejor posible para el partido siguiente, para la confrontación que nos espera a la vuelta de la esquina, concentrarse en lo que se debe de hacer, en lo que depende estrictamente de uno, es ahí en el tiempo psicológico del presente donde uno encuentra la tranquilidad para vencer cada uno en su partido interior, el que le da alas y energía para superar dificultades y sentirse competitivo en el día a día, en el hoy y el ahora, que siempre será el mañana de ayer.