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FUTBOL PLURAL

El fútbol es y será plural, hay muchos caminos para intentar vencer, disponiendo de: excelentes futbolistas,  buenos futbolistas o  mediocres futbolistas; caminos siempre difíciles que conducen al triunfo y también, caminos mucho más complicados cuando uno no quiere ganar de cualquier manera porque entiendes que con tus futbolistas se pueden hacer más cosas que no dejar jugar a tu rival y no querer ver de cerca el riesgo, aparte de marcar un gol más que el contrario, evidentemente.

Como siempre será la táctica la que hará operativa la manera de vencer, la estrategia de juego para anular y contrarrestar al oponente, en el fútbol la teoría será maravillosa si la pelota entra en la portería contraria, no la manera más o menos brillante que se utilice para oponerse a un rival. La planificación estratégica y su desarrollo en un campo de juego no valdrá de mucho si el balón no se introdujo en las redes, sin resultado, se olvida de todo lo demás ni nada es justificable.

Tengo muy claro que no se juega, ni se jugó ni se jugará un buen fútbol porque se tenga un buen trato de balón en cualquier parcela del terreno de juego sin objetivos claros y en muchos momentos mostrando un juego insípido o anodino, jamás ese equipo jugará bien al fútbol, lo hará el que resuelva mayor número de situaciones en el menor tiempo posible manejando correctamente las posiciones de los jugadores propios y rivales en el espacio y el tiempo con los ritmos de juego adecuados. En esas variables que no se refieren a metros y reloj únicamente sino a variables vivas. El espacio tiene vida y manifiesta lo que en él se está haciendo, su aprovechamiento supondrá una baza para el éxito y el tiempo marcará con los ritmos que allí se producen la frecuencia de participación de cada futbolista. Conjugar estos tres apartados adecuadamente nos permitirá observar el entramado de relaciones jugador-equipo (defensa/ataque/ transiciones), interiorizar comportamientos y automatizar respuestas, creando una tupida red de relaciones de unos cooperando contra otros que lo impiden.

Comparto la teoría de que los equipos que ganan más veces son los que menos fallos cometen. Sin embargo, siempre hay maneras de que tu equipo les provoque errores más allá de donde acostumbran. Partimos de la base de que la ausencia de errores no existe en un partido de fútbol, pensar eso ya sería un gravísimo error, sin fallos no habría goles y sin goles no habría fútbol, los jugadores se equivocan y la escuela del error es muy sana siempre que se busque una mejora continua. Estos errores siempre estarán presentes en cada manera de jugar que cada entrenador elija, y siempre habrá maneras de ganar difíciles, en las que predomina y prioriza el contrarrestar al oponente y más difíciles, estas que tratan de ser protagonistas con el balón, donde proponer es casi igual de importante que contrarrestar. Afortunadamente, la forma de jugar queda a la creatividad de cada entrenador y por supuesto a la creatividad de los jugadores de su plantilla.

Cuando se pierde, siempre se asociará la derrota a un fracaso en muchos momentos desmedido y precisamente, cuando se gana parece que eso es lo normal sin reflexionar. Enseña mucho más la derrota que la victoria aunque la mentalidad de ganar ayuda a nuevas victorias y a mantener una fuerte moral en el equipo; en la victoria todo se acepta como bueno y nada parece que se haya hecho mal o aunque haya sido así parece que tenemos deseos profundos de minimizarlo.

Por último, una de las situaciones más delicadas de un equipo a lo largo de una liga al que le cuesta ganar es cuando en lugar de tener los jugadores deseos de vencer, tienen miedo a perder, que es otra cosa bien distinta y en esa actitud miedosa sus aportaciones son equivocas, conservadoras y no aportan todo su potencial en pos de la victoria. Es doloroso salir casi derrotado de manera inconsciente a un campo de fútbol en el que el éxito siempre es: El resultado de un fracaso más otro fracaso y nuevas dificultades, más vuelta a empezar para generar nuevas oportunidades que conduzcan a los resultados esperados necesarios para este fútbol plural.

LA REALIDAD INTERPRETABLE

En este mundial volvió el fútbol de siempre, el de toda la vida, porque todo lo que es moda, pasa de moda hasta que retorna de nuevo, aunque no le acompañara la estética, define bien lo que ha sucedido en este campeonato con la compañía inestimable de cada campeonato del balón parado y su nuevo aliado; EL VAR, ambos demostraron su eficiencia a lo largo del campeonato y brillaron en el último día del mismo.

Yo considero que el criterio más importante a la hora de analizar la realidad es la objetividad.  La objetividad siempre estará ineludiblemente sujeta a grandes distorsiones, causadas por las opiniones, los juicios, las expectativas, los prejuicios, las preocupaciones, las esperanzas y los temores del observador. La mayoría de las personas creen ser objetivas pero la objetividad absoluta no existe y mucho menos en este deporte. La belleza está en los ojos del que mira y esa mirada está influenciada sobre todo por el ambiente que rodea a cada persona. Lo que para uno es bonito, para otro puede no ser atrayente o sugerente, mucho de esto pasa en el fútbol.

Perder no significa siempre que se hayan hecho las cosas mal y ganar no es sintomático de que se hicieron todas las cosas bien. A veces los éxitos no son hijos del mejor fútbol, si se tiene por tal quien más amenaza el área rival, quien mejor transita con la pelota y quien más fortalece el fortín de su propia portería. El método y el estilo es bueno si se vence y sino es malo, es la congruencia y la paradoja con la que actúa la opinión futbolística. El resultado lo preside todo y marca tendencia.

Ahora se imitará a Francia por su nueva influencia, una selección plagada de talento individual físico y técnico pero que lo administra con cuentagotas a costa de un supuesto rigor defensivo que no es tal ni casi real, digo esto debido a la influencia de su portero en el noventa por ciento de los partidos disputados, marcando el devenir de la suerte de su equipo. No admiro a los equipos que cuentan con porteros salvadores cada semana aunque dejen la portería a CERO. Idolatro a los equipos que ganan y casi dejan a su portero en un papel secundario, casi desapercibido, esos sí que me demuestran solvencia y rigor defensivo.

Francia ha ganado y tiene el elogio universal por el triunfo en el mundial del VAR que favorece que casi el 45% de los goles fuesen a balón parado. Impulsor de un modelo que favorece lo que ocurre en las áreas pero que  ignora ni pone atención alguna entre lo que ocurre entre ellas, en el lugar mágico del campo aunque parezca  intrascendente después de este Mundial, esa parcela de terreno que  es y será esencial para el juego y su belleza, donde se puede crear y destruir, porque el fútbol no es solo jugadas de gol, de peligro o conflictivas, es el lugar donde se edifica el juego para no ganar de cualquier manera y mucho menos teniendo grandes futbolistas.

Como dice el titular, la realidad es interpretable, nadie tiene toda la razón, todos podemos tener un poquito de ella, que alguien podría pensar algo diferente sobre lo que sucedió y que eso podría ser verdad.

 

EL ENTRENAMIENTO Y LA MENTALIDAD

Practicar con intensidad para desarrollar una gran mentalidad para ganar debe ser el primer objetivo de cada entrenamiento en fútbol, esa exigencia en la toma de decisiones practicada con un estrés competitivo superior a las dificultades de un partido, no es más que lanzar problemas continuamente para una resolución que obligue a los jugadores a reproducir respuestas constantemente para que los jugadores respondan de manera automática en un contexto en el que la intensidad de la preparación condiciona el cerebro y el cuerpo para que sepa actuar en condiciones de presión reiterada y mejore su nivel competitivo y acelere su crecimiento personal como futbolista.

Por momentos se necesita entrenar en condiciones de alto estrés la toma de decisiones que te obligará el partido, para que cuando tengas que jugar de verdad ante un oponente, no haya que pensar, simplemente se hace, se juega y siempre estarás acompañado de claridad, de precisión y de intensidad.

Se persigue poseer la habilidad de tener y mantener la claridad, la consciencia de la situación, la capacidad de realizar análisis certeros y tomar en consecuencia las decisiones idóneas a toda velocidad en un estado estresante de competición. Es un estado resolutivo en el que podemos confiar en nosotros mismos y dar respuestas sucesivas, ser flexibles y mostrar adaptabilidad mientras controlamos nuestro juego, percibir los detalles importantes y dirigir la atención al lugar adecuado.

Precisión e intensidad en alta presión, esa es la clave que se busca porque en el fútbol, en el que un segundo o un minuto, una mala decisión tomada bajo presión, confusión y poca claridad de ideas decide el final de la batalla y muchas veces el destino de un equipo. Se de sobra que actuar bajo presión es complicado, la atención se desvía o se mantiene, si se desvía la respuesta emocional será negativa y el comportamiento será erróneo, parecerás atascado o sobrepasado. Por otro lado, si eres capaz de mantener la atención a lo largo del tiempo, podrás mantener la conciencia de la situación y serás preciso casi seguro, podrás tener la mente clara, adaptada y podrás superarte.

Los momentos críticos en fútbol siempre llegan y muchas veces las malas decisiones que se toman no es debido por la falta de capacitación o de habilidad, vienen por la inadaptación por incapacidad de manejar la tensión en los momentos cruciales. Donde dirigimos la mente, es donde nuestros pensamientos nos llevan, estos provocarán una emoción que es la que define nuestra respuesta o nuestro comportamiento y en definitiva nuestra actuación. Dicho de otra manera, si somos capaces de controlar nuestra atención y por tanto nuestros pensamientos, también podremos controlar nuestras emociones y así mejorar ineludiblemente nuestra actuación, es siempre una reacción en cadena que podemos intentar controlar o no y que marcará nuestro rendimiento en el campo. Si controlamos nuestra atención, controlamos nuestro rendimiento y nos facilita controlar el juego.

RECICLARTE PARA LIBERARTE Y NO OXIDARTE

A medida que voy haciendo camino en mi profesión, voy adquiriendo experiencias, conocimientos, aprendizajes, caídas, obstáculos. Todo esto hace que intente construir una especie de “caja de herramientas”, trato de utilizarla en todo momento de manera consciente o inconsciente casi siempre en los malos momentos. Al final este “kit” es de cosecha propia, ya que es un cúmulo de lo que llevo vivido como entrenador hasta ahora.

Esta “caja de herramientas” me ayuda a tomar decisiones, reflexionar, evaluar escenarios de todo tipo, futuros y presentes, hace que recuerde el pasado con aciertos y desaciertos pero fundamentalmente influye de una manera directa cuando llega el momento de cambiar para encontrar mejores resultados.

A mí me gusta  como a los demás entrenadores  sentir que estamos evolucionando, porque cuando sucede esto, la persona se siente a gusto, plena, está dispuesta, las posibilidades de explotar nuestro  potencial aumenta de forma considerable y sobretodo nos sentimos útiles e importantes, tanto para nosotros como para quienes nos rodean en el  equipo.

Pero a la mayoría de los entrenadores, por no decir todos, nos cuesta muchísimo trabajo tomar vuelo y ganar perspectiva para abandonar lo conocido para volar hacia otras experiencias gratificantes que nos permitirán crecer y acercarnos aún más a lo que quiere cada uno, nos cuesta transformarnos; a mí me cuesta, pero lo hice más de una vez  y lo volveré a hacer.

Y… ¿por qué cuesta esto de ganar perspectiva, transformarte  y tomar vuelo?, por algo muy simple  pero que a la vez es un lastre muy pesado, permanente y molesto que se tiene que cargar  a diario; nuestras creencias limitantes. Este actor que parece muy secundario, siempre cobra un enorme protagonismo en cada momento que uno tiene que tomar decisiones o bien cuando nos encontramos haciendo el camino hacia un objetivo o una meta.

Se presentan disfrazadas, de pensamientos o de resultados, pero en todos los casos lo que crean es una necesidad de no desapegarnos de ellas,  nos generan inseguridad, dudas y excesivo miedo. Un disfraz que adoptan estas creencias es el de  estar presente  cuando tenemos que desarrollar un plan, y la máscara con la que se presentan, es en hacernos vivir pensando y obsesionarnos con el resultado más que en el proceso, y la consecuencia  de esto, es que nos descentramos del momento, de lo que tenemos que hacer y esto trae el resultado de equivocarnos, perder la paciencia, ponernos ansiosos porque el resultado esperado no llega, perdemos el control emocional y finalmente nos equivocamos en el plan que deseábamos trazar.

Cada día como entrenador se me presentan  retos, obstáculos, dificultades y ante todo esto tengo que optar por una actitud, posicionarme desde diferentes perspectivas, reflexionar, opinar a veces con conocimiento y otras desde lo que creo. Enfrentarme a situaciones tanto esperadas como no y esto  hace que tome una actitud a la hora de resolver conflictos, esto es vital porque es lo único que puedo controlar en mi profesión, ya que esto depende de uno mismo.

Todo lo que me rodea no puedo controlarlo en su totalidad, el entorno, la opinión pública etc. Habrá algunas cosas que más y otras menos pero su ciento por ciento nunca, pero lo que si puedo controlar completamente, es como me comporto ante ello, mi actitud.

Esta situación emerge  cuando tenemos un problema, un reto, una adversidad o un obstáculo, su resolución o salto de nivel dependerá de la ACTITUD que tomes o mejor dicho desde que perspectiva te sitúes. Cuando perdemos un partido o entremos en una mala racha la perspectiva que predomina es del “¿POR QUE?, cuando sucede algo suelen preguntarse eso, “¿qué ha sucedido?” y “¿por qué ha pasado?”, lo cual es necesario saberlo pero el problema radica en no quedarse anclados en ese punto mucho tiempo, reflexionando, teorizando, haciendo hipótesis, jugando con que si se hubiera hecho tal cosa, lo otro, aquello y a su vez se juzga a todo el mundo.

Lo verdaderamente importante es buscar y crear el cómo resolverlo y esta perspectiva es la más difícil, laboriosa y trabajosa de lograr, por eso destacan las personas que consiguen objetivos de las que no, porque las primeras están constantemente con la ACTITUD de crear y aplicar el “como”, y avanzan en cada paso en cada momento en cada día y nunca se quedan en el mismo lugar

Cuando un entrenador comienza a centrar su ACTITUD a vivir desde el “como”, ha creado para su profesión una auténtica ventaja. Pero claro llegar ahí tiene su recorrido y su trabajo, porque se debe aprender mediante un intenso y aplicado trabajo interior, que las condiciones perfectas no existen, a que no hay nada seguro en esta profesión, a que cuando tomas decisiones, creas o pones en marcha algo en el que puedes equivocarte, caerte o que no salga como pretendías.

Y este es el punto más importante, cuando vives desde la perspectiva de buscar y crear el “cómo hacerlo”,  que te salga mal el plan a la primera servirá para descubrir lo que hace falta mejorar para que el siguiente intento salga mejor y así hasta encontrar el punto adecuado. Podrás ir a muchos congresos, muchas charlas a que te den la fórmula del éxito, podrás preguntar a muchos entrenadores cómo se hace, tendrás miles de conocimientos sobre cómo hacer las cosas pero si tu mente no adopta la ACTITUD de crear y aplicar el “cómo hacerlo”, todo lo demás te será inútil. Nuestros conocimientos están para ser experimentados en el momento que los necesitemos, así hasta el final de nuestro recorrido profesional para evitar oxidarte.

CADA LUNES, VOLVER A EMPEZAR

Hay que grabarse en la mente que cada futbolista es diferente uno de otro, porque aparte de que su esencia se diferencia una de otra, todos tienen creencias limitantes, pero a su vez los egos en algunos jugadores son más fuertes y dominantes que en otros.

Además todos toman diferentes actitudes frente a los sucesos que se les presentan día a día y jornada tras jornada junto  con  sus estados anímicos que varían durante el día varias veces. Dicho esto, es sumamente difícil saber cómo actuará y reaccionará una persona vestida de futbolista, y que  lo haga de la manera que tú quisieras, ya es mucho  más  complicado.

Muchas veces los entrenadores actuamos como si nuestro jugadores fuesen mini  robots, es decir, buscamos programarlos para que hagan nuestra vida sencilla, sin obstáculos creyéndonos que  todo lo que hacemos y decimos tiene causa-efecto de manera instantánea, esperando que lo jugadores reaccionen y actúen como lo haría uno y  esto es una auténtica pérdida de tiempo y sobre todo de energía.

Como entrenadores, cualquier camino que emprendamos, nos enfrentaremos a miedos, dudas, inseguridades, etc… propias y de los demás que nos rodean, con lo cual debemos hacer frente a estos, primero defendiéndonos de sus ataques y luego dar un paso al frente para alejarlos de nuestro camino y del camino de nuestros jugadores que también los sufren y muchas veces en silencio porque no saben ahuyentarlos.

Una de las cosas más difíciles de conseguir los hombres de fútbol es esto vencer los propios miedos aparte de  ser intensos y constantes, ejecutar lo que  nos pide la conciencia, no descentrarnos, estar presente en cada momento sin perder el foco y no dejarnos  arrastrar por pensamientos negativos de futuro y lastres del pasado, cada uno tiene el suyo. Como también aprender y saber gestionar tus malos momentos, tus pensamientos negativos habituales, cualquiera tiene los suyos, emociones y ego.

Esta profesión de entrenador necesita intensidad y concentración propia y de los jugadores, si se quieren hacer bien las cosas, y da igual que se gane mucho dinero o no, porque las distracciones, la falta de intensidad y la relajación están presentes en todo momento, independientemente de los ingresos.

Como en todos los órdenes de la vida y el fútbol pertenece a esta, con el talento solamente no alcanza y sobretodo en estos tiempos en el que vivimos, donde cualquiera que se prepara y logra tener una mentalidad fuerte e intensa, marca la diferencia. Con esto quiero decir que si tienes talento para jugar al fútbol, deberás esforzarte igual, necesitarás ser intenso en los momentos que se requiera ésta actitud, tendrás que comprometerte y dedicar horas a superar tus propios límites, cada minuto, cada hora, cada día, cada semana hay alguien que está preparándose minuciosamente  para ganarte.

El camino es largo, tiempos de decepciones y fortalecimientos son compañeros de viaje de un entrenador, desengaños, decepciones desalientos, vivir entre la frustración de muchos y de la incomprensión de casi todos cuando las cosas no salen. Cada partido es y será un comienzo aunque te sientas cansado, aunque no lleguen los resultados, aunque los detalles lastimen, aunque el frío queme y el miedo muerda, siempre hay que volver a empezar.

PROCESAR Y METABOLIZAR LA CONCIENCIA

El fútbol cambia, evoluciona y sus futbolistas progresan, pero nunca puede darse un verdadero progreso sin el sincero reconocimiento de los obstáculos internos que los futbolistas  se ponen así mismos y al desarrollo de sus potencialidades cada domingo, parece que nos resulta tan difícil como antaño admitir esa tendencia que tenemos a interferir con nosotros mismos, la dificultad que supone construir ese puente entre el interior y el exterior puede dar mucho lucro y fruto en este deporte.

En el fútbol de hoy, no en el de hace  15 años, las principales causas de los errores que se cometen hay que buscarlas aparte de las prestaciones, en la mente del futbolista: en la tensión, en la duda,  en las lagunas de concentración que siempre están presentes más  que en la ignorancia de la técnica o en las destrezas. Se necesita trabajar de dentro hacia afuera más que nunca, intentando corregir las causas mentales  de esos errores, en lugar de corregir los síntomas externos por momentos.

En la mayoría de los casos, uno busca tratar las causas porque es más efectivo que tratar los síntomas. El fútbol en términos generales tiene mucho de incierto, por eso los seres humanos que lo practican tienden a vivir en un estado de duda, cuando dudamos de nuestras capacidades para  poder alcanzar los resultados deseados, o cuando uno piensa que no va a dar el nivel, uno todavía tensa exageradamente sus músculos. Todo ello nos introduce en el bucle de la duda, que es la causa fundamental de los errores en el fútbol, nos genera una falta de confianza agresiva en uno mismo como mayor enemigo, y que ataca sin avisar y nadie está exento, hasta el jugador más experimentado.

La falta de confianza la conozco perfectamente, es una sensación desagradable, es como una sombra que crea una incómoda sensación de separación con nosotros mismos, lamentablemente la conozco muy bien, genera inseguridad con su gran amigo, el miedo, este aumenta conforme nuestro sentido de la propia capacidad disminuye. Se trata de reducir nuestra falta de confianza para que nuestro miedo disminuya de manera automática.

En fútbol, en cualquier categoría, la diferencia entre nuestra mejor y peor versión es groseramente amplia y la duda es nuestro peor enemigo, genera grandes interferencias. Nuestro rendimiento consistirá siempre en: nuestro potencial restando nuestras propias  interferencias, ese será el verdadero resultado final buscando tranquilidad y control, básicamente para que el cuerpo haga lo que quieres que haga y en muchos momentos de la temporada no obedece necesitando esa concentración relajada que te permite tener tensión sin estar tenso para que no sea entorpecedora de nuestro verdadero potencial, ese potencial que se necesita para resolver todo el entramado de relaciones jugador-equipo con sus comportamientos y respuestas en el aquí y ahora, porque ese es el único tiempo y lugar en el que uno disfruta o padece para lograr algo.

LOS RIVALES Y YO MISMO, MIS ENEMIGOS

Antes de un partido y durante, el futbolista siempre tiene conversaciones consigo mismo, un monologo interior que puede ser dañino si los cosas no salen con asiduidad, hablamos de miedos y de dudas, hablamos de inseguridades e impotencias, hablamos de angustias y decepciones. Aparte de jugar con un rival que plantea obstáculos, jugamos contra nuestras distracciones que siempre están presentes, jugamos contra el nerviosismo, las dudas sobre la capacitación de uno mismo y la excesiva autocrítica. En resumen, se juega para superar todos los malos hábitos de nuestra mente que dificultan de demostración de todo nuestro potencial.

No se puede jugar y mucho menos ganar, con una aceleración mental: con muchos cálculos, con muchas preocupaciones, muchas expectativas, muchos nervios, muchos controles, muchas distracciones, muchos juicios. Es justo al revés, se necesita rebajar la estimulación y no pensar, si: he dicho no pensar; la mente en calma y en silencio para que se centre en el aquí y en el ahora en sintonía con la acción a realizar  y el propio ejecutor de la acción y que todo fluya.

La relación que establecemos con nosotros debe estar basada en la confianza en uno mismo, en confiar en los movimientos y acciones que tu cuerpo ha aprendido visualmente, en el banco de pruebas de los entrenamientos, observando lo que hacen los otros así como haciendo las cosas uno mismo, ejecutando  de manera automática inconsciente. No le pregunta a la mente para que lo dirija ni le permite que le dé órdenes, no hay dialogo, solo silencio y concentración sin pensar.

Cuántas veces hemos escuchado a nuestro jugadores decir que la mente no va, que la ansiedad, que si las dinámicas, que si la confianza en uno mismo no existe debido a los malos resultados etc. No tienen paz interior, sus voces resuenan en sus cabezas, siempre cavilando a lo loco gastando energía. No se puede  ganar un partido con esa mochila emocional cargada de elementos tóxicos que convierten a un individuo en un hombre a la deriva.

Se de sobra que no se puede acallar la mente simplemente diciéndole que no te hable, que no dialogue, ella casi siempre va a su aire, es independiente pero vive con nosotros para bien y para mal en muchos momentos de nuestra vida. Si el óptimo rendimiento como dice la ciencia consiste en tener  la mente silenciada y en calma, debemos de procurar distraerla para que no interfiera en lo que no le incumbe. Solo existe una manera válida, a medida que uno alcanza la concentración, la mente se calla, al mantener la mente en el presente, esta tiende a calmarse y pasar desapercibida, se vuelve muda, esta se mantiene en el aquí y en el ahora que es simplemente el estado que queremos.

La concentración en el juego no se logra mirando fijamente algo, no se puede forzar, ni tampoco es cuestión de pensar mucho, al contrario. Se trata de algo que sucede de forma relajada sin esfuerzo prácticamente, sin necesidad de control. Las mayores pérdidas de concentración siempre surgen cuando dejamos que nuestra mente imagine lo que va a ocurrir o recuerde lo que ya sucedió, esa mente viajera jugará con el contrario y será un enemigo más.

Esa energía consciente que necesitas para rendir en cada momento de cada instante de cada minuto para rendir al máximo de tu nivel la vas disipando y desgastando hacia el pasado o hacia un fututo imaginario e impredecible. Siempre hay momentos de flaqueza: un gol encajado, un penalti errado, una ocasión fallada, la recriminación de tu público, una mala acción etc. La mente puede abandonar la concentración y empezar a hablarte y empieza a quejarse y es un momento crítico porque desvía tu atención y tu energía del aquí y el ahora.

Entiendo que en una competición tan larga como es generalmente una liga de fútbol, los acontecimientos interiores en la vida de los jugadores se suceden constantemente: negativos y positivos. Debemos tener claro que nuestra mente vive con nosotros pero no siempre es una amiga o buena compañera de viaje. Cuando la mente se pone a imaginar el futuro, atrae la ansiedad y el miedo, que es eso, pensar en si no logramos lo que buscamos. Nuestra atención siempre tiene que estar centrada en el aquí y en el ahora, todo lo que debemos realizar en el presente tiene más posibilidades de éxito lo ejecutamos de este modo y así poco a poco el futuro se irá convirtiendo en el presente que deseamos.

EL VALOR DE NUESTRA MENTE

En fútbol aparte  de lo puramente futbolístico existen una serie de elementos claves dentro de la vida interior de cada futbolista que pueden conducirnos al éxito o abocarnos al fracaso. Todo el mundo conoce que el peor enemigo que uno tiene es su propia mente, pero no le dedicamos el tiempo que merece a pesar de que lo consideramos vital para nuestro duro camino en una competición.

Ese camino que emprendamos, nos llevará siempre a enfrentarnos a miedos, dudas, inseguridades etc… con lo cual debemos hacer frente a estos defendiéndonos de sus ataques y luego dar un paso al frente para alejarlos de nuestro camino. Debemos ahuyentar  nuestros pensamientos negativos saboteadores, debemos aprender a defendernos del ego y darnos motivación, confianza, empujarnos a la acción en cuanto se nos presenten los miedos, las inseguridades y las dudas.

Siempre hay que dedicarle tiempo a la autoestima, la autoconfianza, la creatividad y el compromiso; no viene de serie en el “vehículo” que compramos para que nos traslade por la competición en forma de plantilla. Y esto va más allá de la actitud que adopto, las ganas que le pongo, la energía que trasmito y el esfuerzo al que me comprometo como jugador.

La autoestima y la confianza son básicas, ya que si alguien desconfía o no confía en sus posibilidades ni en la opción de desarrollarlas, su camino estará lleno de vicisitudes en el recorrido. La suma de las dos nos llevará a la motivación, porque nada ni nadie se mueve sin motivación: es imposible imaginarse que se hace algo sin una razón. Cuanto más fuerte es el motivo, más enérgica y fuerte será la acción que provoca; cuanto más fuerte es la motivación, más energías se movilizan y cuanta más energía tenga, más fácil le resultará actuar.

La autoconfianza entra dentro del terreno de las habilidades, de los comportamientos, de la pericia. Nos podemos encontrar un jugador en una fase de su vida que tiene confianza en ciertas actividades o dominar unas habilidades determinadas, pero a su vez tener una baja estima de sí mismo como ser humano con unas creencias limitantes que repiten mentalmente de manera constante y en las que terminan creyendo. A su vez la autoestima juega un papel decisivo, porque es el valor que se impone el propio futbolista como persona. Un jugador puede tener una alta autoestima de sí mismo y de manera simultánea, una baja confianza en ciertas habilidades o situaciones que tiene que lidiar en la competición; es todo muy complejo.

Que nadie dude, que los futbolistas tienen la necesidad de creer en sí mismos para poder conseguir los objetivos y las metas propuestas. No hay problema en quererse mucho a sí mismo a partir de las habilidades y destrezas con las que cuenta cada uno. Creer en uno mismo no significa distorsionar la imagen que tengamos ante el espejo, sino superarla; no se trata de una nueva realidad, sino apreciarse sean las circunstancias que sean. La autoestima es lo que permite a uno mismo a pesar de todo pensar: “yo creo en mi”, e inevitablemente este pensamiento nos convierte en poderosos.

Para el final dejo la responsabilidad y el compromiso que se necesita en la larga travesía que nos espera jornada a jornada, algo que debemos adquirir con regularidad con nuestras acciones y nuestros actos. Ser un futbolista responsable no es más que un hombre competidor de VERDAD, porque adquiere el compromiso con uno mismo, no con los demás como se pregona asíduamente, con sus acciones y comportamientos. Esta perspectiva es la que permite avanzar y transformar cualquier problema en una oportunidad, cualquier circunstancia en posibilidad. Esa responsabilidad tiene que ver con lo que hacemos y con como lo hacemos, de este modo seremos  siempre jugadores valiosos y actores principales de un modo o de otro en el funcionamiento de nuestro grupo.

Todo lo que no sea de este guisa, será una moneda al aire, porque a veces o muchas veces con el talento no alcanza y sobre todo en estos tiempos que vivimos, donde cualquiera se prepara y si  logra tener una mentalidad fuerte e intensa, marcará la diferencia.