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Interviews and press conferences

EL FUTBOL NO ES LO QUE ES, SINO LO QUE LA GENTE CREE QUE ES

Gran parte de la sabiduría en el fútbol reside en conocer tus limitaciones. Claro que nunca podrás estar seguro del todo pero siempre y cuando obres con prudencia, los resbalones serán pocos y siempre es mejor dar un traspié de vez en cuando, del que sin duda te recuperarás y saldrás más sabio.

En el fútbol siempre hay que toparse con situaciones desagradables que te dejaran un mal sabor de boca, pero si no pruebas los manjares amargos nunca saborearás en su justa medida, los dulces.

Durante las jornadas puede suceder que ganes o no lo hagas, cuando no lo hagas con frecuencia los problemas aumentan, esto es de perogrullo; a estos hay que echarles calma, un poco de cinismo, mucha acción y un gran control del tiempo.

La calma nos valdrá para ganar perspectiva y huir del alboroto y su polvareda para sencillamente no ofuscarnos, si te ofuscas te pones nervioso y lo único que consigues es multiplicar el problema y esconder la solución.

Una pequeña dosis de cinismo nos permite distanciarnos y ver el bosque sin focalizar ni ahogarte entre las ramas del árbol maltrecho, esto nos permitirá no distraernos y concentrarnos en la lógica y que no pueda distorsionar la razón.

En la acción, derivada del éxito semanal es siempre muy bueno reconducirlo, rebajarlo. Si pierdes, tienes que afrontarlo, porque de nada vale tener calma y un poco de cinismo si no van rematados de una gran acción. Los problemas reales no afrontados acaban con la estabilidad futbolística  del equipo a largo plazo.

Por último, se necesita un gran control del tiempo porque es determinante; aunque en fútbol al existir muchas partes, este control es más complicado, porque cada uno tiene su medida particular de ese tiempo, que puede vascular en cualquier momento entre la urgencia efervescente  y el roce con la serenidad absoluta.

Para bien o para mal cada club tiene su idiosincrasia  y su entorno, este entorno siempre condicionará, e incluso a veces puede llegar a alterar de forma sustancial nuestro día a día.

Por eso es tan importante tener una serena y permanente conciencia de la temperatura del ambiente que nos rodea. Aplicarle de forma habitual el termómetro del análisis para saber y concluir si aquel clima coincide con el de nuestro cerebro.

A pesar de los resultados que influyen en gran manera en el entorno, hay entornos que estimulan y otros que frenan; unos en los que la gente sueña por alcanzar algo y otros donde se duermen en lo que han sido y viven el pasado constantemente; unos que apuestan por lo nuevo y otros que se encadenan a lo trillado, en unos domina la libertad y en otros la limitación. El éxito siempre se encuentra al final de una carrera de obstáculos repleta de exigencias, contratiempos e incomprensiones que hay que estar dispuesto a asumir y afrontar. La base de ese éxito está construida con materiales fundamentalmente humanos: tesón, esfuerzo, voluntad fraguados con la inteligencia, la perseverancia y tenacidad.

Competir siempre será nuestra palabra mágica. Es mágica porque en ella se encierra toda la adrenalina cerebral  que ha alentado y seguirá alentando el desarrollo de las necesidades de los equipos y de sus jugadores para ser competentes, compitiendo consigo mismo y tratando de superar cada domingo a los demás. No me olvido de que para llevar a cabo cualquier logro en él fútbol se requiere un poco, a veces un mucho, de talento, de sabiduría, de voluntad y también en ocasiones, de suerte.

Jamás podremos vivir el fútbol como una actividad concreta si no sentimos en nuestro interior, en nuestras entrañas una potente y responsable ilusión por ser, conseguir y triunfar. La ilusión es el combustible de la pasión y esta es el motor de la competitividad profesional. Sin ella no hay nada que hacer. No descuido que un entusiasmo desconectado de la realidad no sólo puede hacer que no alcancemos nuestros planes, sino que además puede desembocar, tras un estrepitoso fracaso para el que no estábamos preparados, en amargos episodios de frustración y decepción.

Cuando esto suceda: SOLO existe un camino único y exclusivo: HACIA ADELANTE (De los errores no solo hay que aprender, hay que ganar).

EL TIEMPO, EL ESPACIO Y SUS RITMOS

El tiempo y el espacio unido a los ritmos que allí se producen, son realidades que condicionan la competición y su desarrollo, mucho más que un registro numérico puro y cuantificable de lo que allí se produce. Después de noventa minutos siempre hay que hacer un balance de todo lo sucedido, pero además de esos datos existe una gama amplísima de conceptos o de interpretaciones convencionales del tiempo, del espacio  y de sus ritmos de juego que nos definirán las situaciones competitivas con una mayor claridad.

Cuando hablo de espacio y   tiempo no me refiero a reloj y metros únicamente, sino a variables vivas que alientan todos los momentos de la competición. El espacio   tiene vida y manifiesta lo que en él se está haciendo, su mejor aprovechamiento supondrá una baza más próxima al éxito y el tiempo con su ritmo marcará la frecuencia de participación que habrá que descubrir en cada uno de los futbolistas.

Siempre manejando estas tres variables con minuciosidad nos podrá enseñar  porque un jugador en un momento o situación determinada y en un lugar del campo actuó como lo hizo. Sin una valoración ajustada no entenderemos casi nada de lo que estuvo sucediendo en un terreno de juego. Conjugar estos tres apartados adecuadamente nos proporciona observar el entramado de relaciones jugador-equipo, interiorizar comportamientos y automatizar respuestas instantáneas de manera inconsciente a lo largo de un partido y de la liga.

No todos los partidos son lo mismo evidentemente, dentro de ese terreno de juego existen espacios, ritmos y tiempos cambiantes e irrepetibles que crean un repertorio de actuaciones variables. Los integrantes se mueven de distinta manera y miden sus latidos con pulsaciones diferentes, no todo es igual para todos aunque aparentemente parezca lo mismo desde la grada, uno puede identificar un movimiento repetitivo en un jugador pero puede estar impregnado de una intención distinta, a un ritmo distinto con unas pulsaciones distintas, el espacio recorrido puede ser el mismo pero la vivencia no es la misma.

En un partido las situaciones posibles son ilimitadas, el recorrido, el tiempo, el ritmo y el conjunto de decisiones  forman una red tupida de relaciones de unos cooperando contras otros que lo impiden. Siempre será el espacio donde se compite diferente y nunca homogéneo, a velocidades distintas en tiempos y momentos diferentes, nunca será igual para todos, ya que siempre existirá una función distinta  en el juego, una forma peculiar de ver y sentir los acontecimientos que tienen lugar en ese minuto de ese partido, porque el espacio tiene su ambiente, su momento, su velocidad  y su sentido, es un mundo en miniatura donde a cada jugador le ocurren sucesos diferentes que tiene que resolver por acción u omisión, ahí será donde se jueguen sus frustraciones y sus éxitos en ese a momento, en ese instante y a esa velocidad elegida.

Vencer nunca será fácil, el rival es un jugador  que ocupa una posición compartida contigo y un equipo que acampa en espacios y se mueve a velocidades diferentes para dificultar la maniobrabilidad propia y favorecer la suya. Vistas así  las cosas, la confrontación se establece entre dos maneras de ocupar un mismo espacio. Frente a nuestro deseo de  encontrarnos bien colocados se opone el disgusto de sentirnos incómodos por la presencia del contrario, tratará siempre de que no discurramos por el alegremente y sin tomar precauciones de todo tipo. Siempre será la disputa de un espacio, en un tiempo y a un ritmo que nos permita vía libre al gol en la portería contraria y evitarlo en la nuestra junto con el acierto y desacierto de los nuestros y de los que están enfrente con una camiseta diferente.

HACIA EL PARTIDO SIGUIENTE

Siempre los grandes progresos en cualquier ámbito requieren de mucho trabajo en silencio, de muchas horas en la sombra, de esfuerzos sucesivos, de vivencias compartidas o momentos en solitario; de lo contrario se convertirían en pequeños logros efímeros que en seguida se esfuman y al final dan lugar a pequeños esfuerzos dolorosos que nunca alcanzan a ver la luz de la experiencia.

Siempre se trata de sacar los aprendizajes útiles de las vivencias, cada semana, en cada partido que disputas; siempre suceden. Todo tienen utilidad en nuestra vida profesional, porque de todo se puede aprender algo, para cosechar o desechar. Es difícil controlar los sucesos que giran a nuestro alrededor cada día, somos conscientes de esta realidad pero en muchos momentos, la evidencia nos demuestra que muchas veces nos empeñamos en no aceptar este hecho, en una lucha estéril como agotadora.

Aunque parezca demasiado crudo, esto es lo que hacemos habitualmente los entrenadores y caemos en uno de los errores más característicos de la sociedad, creer que nuestro bienestar depende en gran medida de los demás, del entorno que nos envuelve. Es cierto que si vencemos, tenemos paz unos días, pero nuestra obligación es extraer los aprendizajes útiles de las situaciones más desagradables, para ello se necesita usar la inteligencia y las experiencias adquiridas que no es otra cosa que las vivencias antiguas debidamente analizadas y reflexionadas, pero si en lugar de hacerlo por este camino, nos dedicamos a lamentarnos o a buscar argumentos que justifiquen el malestar caeremos en una falsa niebla que nos condicionará los análisis y será decisivo para no encontrar los caminos adecuados en nuestra lucha diaria.

Decía el malogrado Luis Aragonés cargado de razón que el fútbol es ganar, ganar, ganar y volver a ganar. Yo añadiría que el fútbol es presente, presente y volver al presente, cada día de cada semana, te sientas dañado o adulado por los demás; da igual, ese presente es nuestro principal activo. Es cierto que ese presente a veces es incómodo por muchas circunstancias que no lo favorecen. Pero siempre a la larga podremos sacar las conclusiones adecuadas, se trata de aprender de los malos momentos aunque lo hayamos pasado mal, yo trato de hacerlo cada día aunque sea un esfuerzo laborioso.

Muchísimas veces cuando volvemos la vista atrás y vemos como algunos acontecimientos que entonces vivimos con mucha tristeza y los tildamos de difíciles, a lo mejor fueron cruciales en nuestra carrera, porque gracias a ellos fuimos capaces de dar determinados pasos, o tomar ciertas decisiones que de otra manera nunca hubieran ocurrido porque no hubiésemos alcanzado nuestros límites y vencerlos.

Reconozco que en nuestra profesión a veces nos cuesta ver lo evidente, lo que está pasando por delante de nosotros, y es difícil porque perdemos objetividad, estamos metidos demasiado en la acción y no miramos con perspectiva. Siempre nos sentimos atrapados por alguna circunstancia del fútbol o del juego, que nos ciega hasta el extremo de creernos, de nuevo, que estamos ante un problema de difícil solución. A veces tan solo es necesario unas horas, unos días o una jornada de liga para darnos cuenta de que lo que veíamos negro y oscuro parezca nítido y claro, pero nunca aprendemos, porque al próximo contratiempo casi siempre estamos dispuestos a ver todo turbio en el horizonte.

Observar lo que ocurre a nuestro alrededor, será la mejor manera de aprender, siempre que nos esforcemos por mirar y reflexionar sobre lo que vemos, de esa manera nos haremos mejores en nuestra profesión y no nos convertiremos poco a poco en peores, para avanzar con las máximas garantías hacia el partido siguiente.

HACIA EL PARTIDO SIGUIENTE

Siempre los grandes progresos en cualquier ámbito requieren de mucho trabajo en silencio, de muchas horas en la sombra, de esfuerzos sucesivos, de vivencias compartidas o momentos en solitario; de lo contrario se convertirían en pequeños logros efímeros que en seguida se esfuman y al final dan lugar a pequeños esfuerzos dolorosos que nunca alcanzan a ver la luz de la experiencia.

Siempre se trata de sacar los aprendizajes útiles de las vivencias, cada semana, en cada partido que disputas; siempre suceden. Todo tienen utilidad en nuestra vida profesional, porque de todo se puede aprender algo, para cosechar o desechar. Es difícil controlar los sucesos que giran a nuestro alrededor cada día, somos conscientes de esta realidad pero en muchos momentos, la evidencia nos demuestra que muchas veces nos empeñamos en no aceptar este hecho, en una lucha estéril como agotadora.

Aunque parezca demasiado crudo, esto es lo que hacemos habitualmente los entrenadores y caemos en uno de los errores más característicos de la sociedad, creer que nuestro bienestar depende en gran medida de los demás, del entorno que nos envuelve. Es cierto que si vencemos, tenemos paz unos días, pero nuestra obligación es extraer los aprendizajes útiles de las situaciones más desagradables, para ello se necesita usar la inteligencia y las experiencias adquiridas que no es otra cosa que las vivencias antiguas debidamente analizadas y reflexionadas, pero si en lugar de hacerlo por este camino, nos dedicamos a lamentarnos o a buscar argumentos que justifiquen el malestar caeremos en una falsa niebla que nos condicionará los análisis y será decisivo para no encontrar los caminos adecuados en nuestra lucha diaria.

Decía el malogrado Luis Aragonés cargado de razón que el fútbol es ganar, ganar, ganar y volver a ganar. Yo añadiría que el fútbol es presente, presente y volver al presente, cada día de cada semana, te sientas dañado o adulado por los demás; da igual, ese presente es nuestro principal activo. Es cierto que ese presente a veces es incómodo por muchas circunstancias que no lo favorecen. Pero siempre a la larga podremos sacar las conclusiones adecuadas, se trata de aprender de los malos momentos aunque lo hayamos pasado mal, yo trato de hacerlo cada día aunque sea un esfuerzo laborioso.

Muchísimas veces cuando volvemos la vista atrás y vemos como algunos acontecimientos que entonces vivimos con mucha tristeza y los tildamos de difíciles, a lo mejor fueron cruciales en nuestra carrera, porque gracias a ellos fuimos capaces de dar determinados pasos, o tomar ciertas decisiones que de otra manera nunca hubieran ocurrido porque no hubiésemos alcanzado nuestros límites y vencerlos.

Reconozco que en nuestra profesión a veces nos cuesta ver lo evidente, lo que está pasando por delante de nosotros, y es difícil porque perdemos objetividad, estamos metidos demasiado en la acción y no miramos con perspectiva. Siempre nos sentimos atrapados por alguna circunstancia del fútbol o del juego, que nos ciega hasta el extremo de creernos, de nuevo, que estamos ante un problema de difícil solución. A veces tan solo es necesario unas horas, unos días o una jornada de liga para darnos cuenta de que lo que veíamos negro y oscuro parezca nítido y claro, pero nunca aprendemos, porque al próximo contratiempo casi siempre estamos dispuestos a ver todo turbio en el horizonte.

Observar lo que ocurre a nuestro alrededor, será la mejor manera de aprender, siempre que nos esforcemos por mirar y reflexionar sobre lo que vemos, de esa manera nos haremos mejores en nuestra profesión y no nos convertiremos poco a poco en peores, para avanzar con las máximas garantías hacia el partido siguiente.

ENTRAÑAS DE VESTUARIO

Dentro de cada club, en el interior de cada vestuario conviven y coexisten intereses variopintos, ya no dentro de cada futbolista sino dentro del equipo. No tendría sentido un equipo que no aglutinara los intereses y coincidieran o no tuvieran nada que ver con los del entrenador.

Reconozco que a un entrenador le compete la obligación de facilitar la realización libre de sus acciones deportivas o de unas férreas normas de convivencia que impidan sus manifestaciones espontáneas y creativas. No hay que confundir disciplina con seriedad u obediencia, no se trata de amaestrar a unos jugadores indicándoles el aquí el ahora, el modo y la continuidad de fabricar ocasiones de gol y evitar las del contrario. Se trata de mostrar caminos que conducen a la portería contraria y cerrar los caminos que llevan a la nuestra, pero que ellos tiene que identificar y resolver de manera automática e inconsciente para ahorrar energía.

El futbolista tiene que sentirse libre en el campo, de acuerdo a unas pautas de juego que se deben cumplir, eso si, más libre que condicionado, más responsable que obediente en el mero cumplimiento de unas órdenes

Los intereses dentro de una competición varían con la edad de los jugadores, como en la vida varía en función de la edad de los hombres. Un futbolista joven trata de hacerse camino y paso en su equipo para convertirse en un hombre exitoso, el del veterano porcentualmente trata de conservar su status y su puesto. Ambos y cada uno a su manera tiende hacia la actividad competitiva con una dosis de voluntad distinta, sin reservas o reservándose muchas veces, con miedo por encima de todo o sin miedo a nada. Es el signo de la competitividad dentro de un mismo equipo con sus características positivas y negativas.

Los intereses califican el talante del jugador, su voluntad, su conducta, su perseverancia y su actitud como impulso que antecede al rendimiento. Siempre hay una elección en lo que hace, y siempre se ha de tener presente que la elección que hace, le hace a si mismo.

Después viene la motivación, estrechamente relacionada con la voluntad del jugador, se necesitan jugadores que acepten las situaciones más comprometidas de la competición, los que no lo acepten, se escapan de la competición y no sirven para ella. Están presentes en el campo como los primeros pero están ausentes de los acontecimientos que allí se producen.

Una liga siempre es larga, necesita de jugadores que sepan tolerar las adversidades como parte de su trabajo, uno no siempre puede elegir la situación en la que se encuentra, pero si se puede elegir la respuesta a esa situación, porque esa adversidad es un momento para aprender, siempre los fracasos enseñan al hombre algo que debe de aprender y la perseverancia es lo único que se necesita para terminar lo que se empieza y hoy para mí ya se ha terminado.

ENTRAÑAS DE VESTUARIO

Dentro de cada club, en el interior de cada vestuario conviven y coexisten intereses variopintos, ya no dentro de cada futbolista sino dentro del equipo. No tendría sentido un equipo que no aglutinara los intereses y coincidieran o no tuvieran nada que ver con los del entrenador.

Reconozco que a un entrenador le compete la obligación de facilitar la realización libre de sus acciones deportivas o de unas férreas normas de convivencia que impidan sus manifestaciones espontáneas y creativas. No hay que confundir disciplina con seriedad u obediencia, no se trata de amaestrar a unos jugadores indicándoles el aquí el ahora, el modo y la continuidad de fabricar ocasiones de gol y evitar las del contrario. Se trata de mostrar caminos que conducen a la portería contraria y cerrar los caminos que llevan a la nuestra, pero que ellos tiene que identificar y resolver de manera automática e inconsciente para ahorrar energía.

El futbolista tiene que sentirse libre en el campo, de acuerdo a unas pautas de juego que se deben cumplir, eso si, más libre que condicionado, más responsable que obediente en el mero cumplimiento de unas órdenes

Los intereses dentro de una competición varían con la edad de los jugadores, como en la vida varía en función de la edad de los hombres. Un futbolista joven trata de hacerse camino y paso en su equipo para convertirse en un hombre exitoso, el del veterano porcentualmente trata de conservar su status y su puesto. Ambos y cada uno a su manera tiende hacia la actividad competitiva con una dosis de voluntad distinta, sin reservas o reservándose muchas veces, con miedo por encima de todo o sin miedo a nada. Es el signo de la competitividad dentro de un mismo equipo con sus características positivas y negativas.

Los intereses califican el talante del jugador, su voluntad, su conducta, su perseverancia y su actitud como impulso que antecede al rendimiento. Siempre hay una elección en lo que hace, y siempre se ha de tener presente que la elección que hace, le hace a si mismo.

Después viene la motivación, estrechamente relacionada con la voluntad del jugador, se necesitan jugadores que acepten las situaciones más comprometidas de la competición, los que no lo acepten, se escapan de la competición y no sirven para ella. Están presentes en el campo como los primeros pero están ausentes de los acontecimientos que allí se producen.

Una liga siempre es larga, necesita de jugadores que sepan tolerar las adversidades como parte de su trabajo, uno no siempre puede elegir la situación en la que se encuentra, pero si se puede elegir la respuesta a esa situación, porque esa adversidad es un momento para aprender, siempre los fracasos enseñan al hombre algo que debe de aprender y la perseverancia es lo único que se necesita para terminar lo que se empieza y hoy para mí ya se ha terminado.

CERTEZAS Y DESASOSIEGOS

En el fútbol como en otros órdenes de la vida, no hay una certeza, un si absoluto, ni un imposible por hados del destino. No existe un no porque si, casi todo es relativo. Momentos de ánimo, curvas de rendimiento, euforias, decepciones y depresiones de algunos elementos en cada equipo, goles en el último minuto que dan la victoria en el único disparo a portería o rebotes malintencionados que hunden en la miseria después de haber realizado un gran partido. El éxito normalmente se circunscribe en conjuntar todo lo positivo, minimizar al máximo lo menos favorable y tirar para adelante

De ahí que dejarse llevar por lo que ordenan las vísceras sea una mala elección, para el fútbol y para la vida. Por eso, introducir en el reduccionismo un liderato o un puesto en descenso en fútbol, llama siempre a error. Tenga lo que tenga deparado el futuro para cualquier equipo.

Supeditarse al resultado es algo aceptado por todos voluntariamente, de hecho, ya de entrada la aceptación de la derrota rompe con cualquier connotación hostil contra la competición y evidencia el carácter humano del esfuerzo que acompaña a cada futbolista en cada partido en su intención de vencer.

Si entendemos y comprendemos que la competición tiene que ser antes colaborar que luchar contra alguien, el resultado también es algo con lo que se cuenta inevitablemente y no algo contra lo que se lucha constantemente. Si uno está preparando una carrera, labrándose su futuro porvenir, es lógico que entre sus previsiones cuente con los exámenes y con las evaluaciones, y es algo que es necesario integrar como algo positivo en la vida de esa persona, en las diversas etapas en las que está discurriendo. Pero si uno considera esas pruebas como obstáculos o como enemigos en vez de admitirlas como la ocasión que se le brinda para triunfar, sería preferible que no estudiara, que el jugador no compitiera y que el entrenador abandonara su cargo y dejara de sufrir.

Entiendo que la competición a medida que avanza es más estresante, que el nerviosismo u otra dimensión limitativa de la personalidad de jugadores y entrenadores tiene que aparecer fugazmente, que la madurez y la inestabilidad puntual son compatibles, pero caer y recaer en el desasosiego reiteradamente indica que uno no es apto para la competición.

No acepto topicazos de la magnitud de: nos pusimos nerviosos, nos atenazó la responsabilidad, la ansiedad, que la mayoría habla de ella constantemente y muchos no saben ni lo que es. Porque estar dispuesto para responsabilizarse de la competición significa dominarse psíquicamente para la confrontación. No admito esa dimensión negativa que contagia a todo el mundo, que afecta al equipo al completo que decide venirse abajo, como si de un contagio extraño se tratara. Claro que puede haber desmoralización y puede ser algo contagiosa pero hay que preverla, anticiparse a esa apatía y afrontar esa contrariedad puntual y pasajera.

Mientras no se acepte voluntariamente esos resultados negativos, jugadores y entrenadores y no se traduzca esa aprobación de sí mismo en voluntad de futuro que nos conducirá a tolerar y superar las dificultades que aún están por llegar, seremos una eterna marioneta, sin rumbo que nos convertirá en hombres sin cimientos y en perfectos inexpertos.

Conozco este deporte y sé que una de las secuelas de más difícil precisión y de más difícil remedio es la que se origina a raíz de los resultados que unos llaman justos y otros injustos, según le haya ido a cada uno en la competición. Perder cuando se reconoce la superioridad del contrario duele, pero no traumatiza. Pero cuando se pierde y se afirma que todo ello es injusto, parcial etc. Entonces sí que hay que preocuparse porque la recuperación mental al sentirse injustamente tratado puede ser momentánea o puede llevar mucho tiempo. Nos encontramos con jugadores y entrenadores que siguen dándole vueltas al asunto, la memoria de esa injusticia es constante, principalmente porque se alienta desde uno mismo.

Siempre hay que contar con esos momentos injustos, es nuestra obligación, si no lo hacemos solo podremos presumir de inmaduros para la competición y esta nos irá descalificando poco a poco y

CERTEZAS Y DESASOSIEGOS

En el fútbol como en otros órdenes de la vida, no hay una certeza, un si absoluto, ni un imposible por hados del destino. No existe un no porque si, casi todo es relativo. Momentos de ánimo, curvas de rendimiento, euforias, decepciones y depresiones de algunos elementos en cada equipo, goles en el último minuto que dan la victoria en el único disparo a portería o rebotes malintencionados que hunden en la miseria después de haber realizado un gran partido. El éxito normalmente se circunscribe en conjuntar todo lo positivo, minimizar al máximo lo menos favorable y tirar para adelante

De ahí que dejarse llevar por lo que ordenan las vísceras sea una mala elección, para el fútbol y para la vida. Por eso, introducir en el reduccionismo un liderato o un puesto en descenso en fútbol, llama siempre a error. Tenga lo que tenga deparado el futuro para cualquier equipo.

Supeditarse al resultado es algo aceptado por todos voluntariamente, de hecho, ya de entrada la aceptación de la derrota rompe con cualquier connotación hostil contra la competición y evidencia el carácter humano del esfuerzo que acompaña a cada futbolista en cada partido en su intención de vencer.

Si entendemos y comprendemos que la competición tiene que ser antes colaborar que luchar contra alguien, el resultado también es algo con lo que se cuenta inevitablemente y no algo contra lo que se lucha constantemente. Si uno está preparando una carrera, labrándose su futuro porvenir, es lógico que entre sus previsiones cuente con los exámenes y con las evaluaciones, y es algo que es necesario integrar como algo positivo en la vida de esa persona, en las diversas etapas en las que está discurriendo. Pero si uno considera esas pruebas como obstáculos o como enemigos en vez de admitirlas como la ocasión que se le brinda para triunfar, sería preferible que no estudiara, que el jugador no compitiera y que el entrenador abandonara su cargo y dejara de sufrir.

Entiendo que la competición a medida que avanza es más estresante, que el nerviosismo u otra dimensión limitativa de la personalidad de jugadores y entrenadores tiene que aparecer fugazmente, que la madurez y la inestabilidad puntual son compatibles, pero caer y recaer en el desasosiego reiteradamente indica que uno no es apto para la competición.

No acepto topicazos de la magnitud de: nos pusimos nerviosos, nos atenazó la responsabilidad, la ansiedad, que la mayoría habla de ella constantemente y muchos no saben ni lo que es. Porque estar dispuesto para responsabilizarse de la competición significa dominarse psíquicamente para la confrontación. No admito esa dimensión negativa que contagia a todo el mundo, que afecta al equipo al completo que decide venirse abajo, como si de un contagio extraño se tratara. Claro que puede haber desmoralización y puede ser algo contagiosa pero hay que preverla, anticiparse a esa apatía y afrontar esa contrariedad puntual y pasajera.

Mientras no se acepte voluntariamente esos resultados negativos, jugadores y entrenadores y no se traduzca esa aprobación de sí mismo en voluntad de futuro que nos conducirá a tolerar y superar las dificultades que aún están por llegar, seremos una eterna marioneta, sin rumbo que nos convertirá en hombres sin cimientos y en perfectos inexpertos.

Conozco este deporte y sé que una de las secuelas de más difícil precisión y de más difícil remedio es la que se origina a raíz de los resultados que unos llaman justos y otros injustos, según le haya ido a cada uno en la competición. Perder cuando se reconoce la superioridad del contrario duele, pero no traumatiza. Pero cuando se pierde y se afirma que todo ello es injusto, parcial etc. Entonces sí que hay que preocuparse porque la recuperación mental al sentirse injustamente tratado puede ser momentánea o puede llevar mucho tiempo. Nos encontramos con jugadores y entrenadores que siguen dándole vueltas al asunto, la memoria de esa injusticia es constante, principalmente porque se alienta desde uno mismo.

Siempre hay que contar con esos momentos injustos, es nuestra obligación, si no lo hacemos solo podremos presumir de inmaduros para la competición y esta nos irá descalificando poco a poco y

EL VIAJE POR LA COMPETICION

En fútbol como en cualquier deporte colectivo, el equipo funcionará mejor cuanto mejor funcionen las personas, pero esas personas con la misma camiseta comprometidas con referencias colectivas. Siempre dentro de una especificidad en un marco colectivo definido que abarque las cuatro fases de juego de un estilo de juego, el que se desea que se cumpla, el elegido para intentar ganar. Para ello se necesita que el equipo conozca los contextos y los reconozca fácilmente, aquellos momentos del juego en que se va a encontrar, que vivencie esos desafíos con antelación creando las condiciones idóneas para responder con regularidad y de manera eficaz.

Se aprende a jugar al fútbol y a formar un estilo de juego a través del ensayo y el error, pero se necesita ser minucioso para elegir el ensayo y comprobar la similitud con las fases de juego que queremos que se reproduzcan, simuladora del verdadero partido, todos esos momentos que vendrán el domingo tienen que cumplirse todos los días de la semana. Soy consciente de la diferencia de los entrenamientos y partidos, esta tiene que ver con la presión y emoción que allí solo se viven, siempre habrá expectativas y consecuencias durante una confrontación que nada tienen que ver con los momentos de preparación semanal, a pesar de ello se deben crear simulaciones de situaciones de partido y sobre todo insistir en el control emocional.

Me refiero a ese control del estado de ánimo de los jugadores en los entrenamientos, a menudo bajo condiciones exigentes, se pueda preparar emocionalmente aunque no se cumplan todos los parámetros de manera idéntica a una competición como antes he comentado, pero que ayude a que los jugadores identifiquen momentos y cuando surja la presión, ellos tendrán a su disposición un repertorio de respuestas y no se verán sorprendidos y por tanto, difícilmente se sentirán desequilibrados.

El viaje por la competición es duro jornada a jornada, pondrá a prueba a los jugadores en cada paso por este largo camino. Para ello habrá que disponer de una buena fortaleza mental, siempre tendrá que ver con las características de la personalidad de cada individuo, pero el día a día del equipo debe enriquecer con constancia y perseverancia la visión positiva ante las adversidades.

El mayor enemigo del jugador es muchas veces el propio jugador, no el rival que tenemos enfrente cada jornada. Sus dudas, sus miedos que se interponen en el camino de la confianza que no es más que un colchón mullido confortable por el que se avanza en la competición. Por tanto siempre habrá un punto de partida en el que los jugadores buscan superar sus temores que el desafío semanal de la competición siempre produce.

Cuando se trabaja duro, y se tiene compromiso, los jugadores ya sin darse cuenta comienzan a desarrollar una actitud ganadora. De un buen entrenamiento debería nacer un fuerte sentimiento de identidad fácilmente identificable, con la confianza por arrastre. Evidentemente los tropiezos inevitablemente vendrán y siempre retrasarán la evolución y ahí el jugador con su mentalidad resistente o poco resistente puedo demorar o acelerar el éxito. Cuanto más competitivo, más insensible se mostrará ante cualquier contratiempo. Por eso, las alegrías y las tristezas siempre durarán lo que nosotros queramos y nuestra obligación es olvidar todo lo antes posible.

EL VIAJE POR LA COMPETICION

En fútbol como en cualquier deporte colectivo, el equipo funcionará mejor cuanto mejor funcionen las personas, pero esas personas con la misma camiseta comprometidas con referencias colectivas. Siempre dentro de una especificidad en un marco colectivo definido que abarque las cuatro fases de juego de un estilo de juego, el que se desea que se cumpla, el elegido para intentar ganar. Para ello se necesita que el equipo conozca los contextos y los reconozca fácilmente, aquellos momentos del juego en que se va a encontrar, que vivencie esos desafíos con antelación creando las condiciones idóneas para responder con regularidad y de manera eficaz.

Se aprende a jugar al fútbol y a formar un estilo de juego a través del ensayo y el error, pero se necesita ser minucioso para elegir el ensayo y comprobar la similitud con las fases de juego que queremos que se reproduzcan, simuladora del verdadero partido, todos esos momentos que vendrán el domingo tienen que cumplirse todos los días de la semana. Soy consciente de la diferencia de los entrenamientos y partidos, esta tiene que ver con la presión y emoción que allí solo se viven, siempre habrá expectativas y consecuencias durante una confrontación que nada tienen que ver con los momentos de preparación semanal, a pesar de ello se deben crear simulaciones de situaciones de partido y sobre todo insistir en el control emocional.

Me refiero a ese control del estado de ánimo de los jugadores en los entrenamientos, a menudo bajo condiciones exigentes, se pueda preparar emocionalmente aunque no se cumplan todos los parámetros de manera idéntica a una competición como antes he comentado, pero que ayude a que los jugadores identifiquen momentos y cuando surja la presión, ellos tendrán a su disposición un repertorio de respuestas y no se verán sorprendidos y por tanto, difícilmente se sentirán desequilibrados.

El viaje por la competición es duro jornada a jornada, pondrá a prueba a los jugadores en cada paso por este largo camino. Para ello habrá que disponer de una buena fortaleza mental, siempre tendrá que ver con las características de la personalidad de cada individuo, pero el día a día del equipo debe enriquecer con constancia y perseverancia la visión positiva ante las adversidades.

El mayor enemigo del jugador es muchas veces el propio jugador, no el rival que tenemos enfrente cada jornada. Sus dudas, sus miedos que se interponen en el camino de la confianza que no es más que un colchón mullido confortable por el que se avanza en la competición. Por tanto siempre habrá un punto de partida en el que los jugadores buscan superar sus temores que el desafío semanal de la competición siempre produce.

Cuando se trabaja duro, y se tiene compromiso, los jugadores ya sin darse cuenta comienzan a desarrollar una actitud ganadora. De un buen entrenamiento debería nacer un fuerte sentimiento de identidad fácilmente identificable, con la confianza por arrastre. Evidentemente los tropiezos inevitablemente vendrán y siempre retrasarán la evolución y ahí el jugador con su mentalidad resistente o poco resistente puedo demorar o acelerar el éxito. Cuanto más competitivo, más insensible se mostrará ante cualquier contratiempo. Por eso, las alegrías y las tristezas siempre durarán lo que nosotros queramos y nuestra obligación es olvidar todo lo antes posible.

HOY ES EL MAÑANA DE AYER

En fútbol siempre hay que vivir el presente, el hoy y el ahora, sin los condicionantes del pasado, siempre el día a día es el mañana de ayer. Es una tarea complicada porque liberarse de condicionantes negativos de partidos pasados no es misión sencilla, trasladan pensamientos, creencias que en nuestro presente aún nos siguen condicionando.

Los resultados negativos a veces son demoledores para la estabilidad emocional de los profesionales, en muchas ocasiones el problema no consiste en coger un camino equivocado, sino en no ver ningún camino. Hay momentos en que el calendario, los resultados, la competición y por tanto el destino parece ponernos a prueba. Nunca hay que perder la confianza porque sino todo se desmorona, aunque resulte extraordinariamente difícil a veces reaccionar en esos momentos de resultados complicados, pero es ahí cuando hay que luchar y no dejarse llevar por el desencanto de la mayoría y la decepción de todos.

Como entrenadores desde fuera, lo mejor que podemos hacer es mostrar confianza en las posibilidades de nuestros recursos humanos, pero también nuestra determinación en esa lucha interna que vive cada futbolista para que no abandonen y tiren la toalla.

La liga siempre continua, la competición avanza y calendario no se detiene, los meses transcurren, el futuro llega con o sin nuestro consentimiento, estemos o no preparados para recibirlo y puede ser tremendo si dejamos que nos pille por sorpresa. Prepararse para los partidos venideros, para los meses que se acercan es la obligación de los profesionales del fútbol, todos nuestros esfuerzos se tienen que dirigir en asegurar ese futuro deportivo inmediato que se convertirá en presente a la vuelta de la esquina.

A veces vivimos el fútbol con tantas prisas y tensiones en nuestro día a día que ni levantamos la vista para mirar el horizonte, tenemos una visión muy reducida y no nos permite contemplar por donde vamos ni hacia donde queremos llegar, si miramos para el calendario venidero, para el horizonte y solo vemos polvo y humo difícilmente podremos ver los caminos y mucho menos divisar las metas, todo esto se convierte en energía inútil que terminara por agotarnos.

El fútbol se tiene que vivir con ilusión permanente, sin ella perdemos fuerza y si no hay un timón que nos guía, el juego se convierte en un cúmulo de obligaciones sin sentido, de esfuerzos a veces malgastados, de falsas responsabilidades ficticias y de insatisfacciones permanentes.

La mejor conquista del futuro deportivo es el día a día vivido con entusiasmo, pasión y compromiso en un marco de realidades presentes, con una meta constante que es prepararse lo mejor posible para el partido siguiente, para la confrontación que nos espera a la vuelta de la esquina, concentrarse en lo que se debe de hacer, en lo que depende estrictamente de uno, es ahí en el tiempo psicológico del presente donde uno encuentra la tranquilidad para vencer cada uno en su partido interior, el que le da alas y energía para superar dificultades y sentirse competitivo en el día a día, en el hoy y el ahora, que siempre será el mañana de ayer.

HOY ES EL MAÑANA DE AYER

En fútbol siempre hay que vivir el presente, el hoy y el ahora, sin los condicionantes del pasado, siempre el día a día es el mañana de ayer. Es una tarea complicada porque liberarse de condicionantes negativos de partidos pasados no es misión sencilla, trasladan pensamientos, creencias que en nuestro presente aún nos siguen condicionando.

Los resultados negativos a veces son demoledores para la estabilidad emocional de los profesionales, en muchas ocasiones el problema no consiste en coger un camino equivocado, sino en no ver ningún camino. Hay momentos en que el calendario, los resultados, la competición y por tanto el destino parece ponernos a prueba. Nunca hay que perder la confianza porque sino todo se desmorona, aunque resulte extraordinariamente difícil a veces reaccionar en esos momentos de resultados complicados, pero es ahí cuando hay que luchar y no dejarse llevar por el desencanto de la mayoría y la decepción de todos.

Como entrenadores desde fuera, lo mejor que podemos hacer es mostrar confianza en las posibilidades de nuestros recursos humanos, pero también nuestra determinación en esa lucha interna que vive cada futbolista para que no abandonen y tiren la toalla.

La liga siempre continua, la competición avanza y calendario no se detiene, los meses transcurren, el futuro llega con o sin nuestro consentimiento, estemos o no preparados para recibirlo y puede ser tremendo si dejamos que nos pille por sorpresa. Prepararse para los partidos venideros, para los meses que se acercan es la obligación de los profesionales del fútbol, todos nuestros esfuerzos se tienen que dirigir en asegurar ese futuro deportivo inmediato que se convertirá en presente a la vuelta de la esquina.

A veces vivimos el fútbol con tantas prisas y tensiones en nuestro día a día que ni levantamos la vista para mirar el horizonte, tenemos una visión muy reducida y no nos permite contemplar por donde vamos ni hacia donde queremos llegar, si miramos para el calendario venidero, para el horizonte y solo vemos polvo y humo difícilmente podremos ver los caminos y mucho menos divisar las metas, todo esto se convierte en energía inútil que terminara por agotarnos.

El fútbol se tiene que vivir con ilusión permanente, sin ella perdemos fuerza y si no hay un timón que nos guía, el juego se convierte en un cúmulo de obligaciones sin sentido, de esfuerzos a veces malgastados, de falsas responsabilidades ficticias y de insatisfacciones permanentes.

La mejor conquista del futuro deportivo es el día a día vivido con entusiasmo, pasión y compromiso en un marco de realidades presentes, con una meta constante que es prepararse lo mejor posible para el partido siguiente, para la confrontación que nos espera a la vuelta de la esquina, concentrarse en lo que se debe de hacer, en lo que depende estrictamente de uno, es ahí en el tiempo psicológico del presente donde uno encuentra la tranquilidad para vencer cada uno en su partido interior, el que le da alas y energía para superar dificultades y sentirse competitivo en el día a día, en el hoy y el ahora, que siempre será el mañana de ayer.

COMPLEJIDADES DEL INDIVIDUO

Los entrenadores necesitamos conocer el distinto tiempo de asimilación de nuestros jugadores. No todos lo aprenden a la misma velocidad, ni interiorizan en el mismo instante, no todos los ejecutan de manera inconsciente, incorporando a su tiempo vital esas enseñanzas.

Te encuentras con jugadores que comprenden y asimilan lo que se les propone con facilidad pasmosa, sin que les cueste casi nada poner en práctica lo que han aprendido. Otros con mayor esfuerzo, van incorporándolo a su vida profesional. Y hay quienes tardan y sufren en darse cuenta de lo que se les está proponiendo, y a duras penas siguen eficazmente las propuestas de su entrenador, proceso este que puede durar semanas, meses e incluso acabar una temporada y no haberlo interiorizado en ningún momento.

Nunca basta, al menos en teoría la exposición clara de unos conceptos a una plantilla. Claridad que puede ser oscuridad para algunos jugadores. No todos entienden a la primera ni a la segunda lo que se les dice, aunque ellos no lo digan ni lo reclamen. Y no es precisamente por falta de voluntad.

Siempre existen momentos de distracción que no tiene porque ser voluntaria, existen momentos en los que se produce de manera involuntaria, hasta el cansancio que no permite tener despierta la curiosidad o no facilita tener la retención fiel por la memoria de lo que se expone.

Por parte de los entrenadores es vital comprender es tiempo de asimilación de los jugadores, porque supondrá disponer de unas herramientas indispensables para tener éxito: como exigir, como imponer un determinado ritmo de trabajo en proporción a sus cualidades.

Obviamente, se necesita después la colaboración sincera del futbolista. Si no presta desde el principio una disposición abierta a trabajar conjuntamente con el entrenador, será inútiles cuantos esfuerzos se realicen para ser eficaces en los partidos. No puede asimilar quien no acepta ser enseñado, quien no se manifiesta dispuesto a atender. También nos podemos encontrar con la capacidad de aguante del jugador, de la capacidad de encaje de un jugador frente a sus obligaciones, muchas veces por su monotonía, por la perseverancia que se solicita, por su dureza que puede suponerle un desgaste físico y psicológico siendo un freno para toda asimilación.

Otro apartado indispensable para lograr la sintonía adecuada entre lo que se propone y lo que se asimila es la capacidad de los jugadores y su entrenador para navegar y asimilar las exigencias que proceden del trabajo en común. Nunca es lo mismo la repuesta individual ante lo que se propone que la colectiva. Hablar de fútbol es hablar de comunidad de intereses, entender todos lo mismo, responder a la vez. Todo ello definirá la categoría del compromiso de la asimilación de lo que se aprende y entrena en beneficio de todos.

COMPLEJIDADES DEL INDIVIDUO

Los entrenadores necesitamos conocer el distinto tiempo de asimilación de nuestros jugadores. No todos lo aprenden a la misma velocidad, ni interiorizan en el mismo instante, no todos los ejecutan de manera inconsciente, incorporando a su tiempo vital esas enseñanzas.

Te encuentras con jugadores que comprenden y asimilan lo que se les propone con facilidad pasmosa, sin que les cueste casi nada poner en práctica lo que han aprendido. Otros con mayor esfuerzo, van incorporándolo a su vida profesional. Y hay quienes tardan y sufren en darse cuenta de lo que se les está proponiendo, y a duras penas siguen eficazmente las propuestas de su entrenador, proceso este que puede durar semanas, meses e incluso acabar una temporada y no haberlo interiorizado en ningún momento.

Nunca basta, al menos en teoría la exposición clara de unos conceptos a una plantilla. Claridad que puede ser oscuridad para algunos jugadores. No todos entienden a la primera ni a la segunda lo que se les dice, aunque ellos no lo digan ni lo reclamen. Y no es precisamente por falta de voluntad.

Siempre existen momentos de distracción que no tiene porque ser voluntaria, existen momentos en los que se produce de manera involuntaria, hasta el cansancio que no permite tener despierta la curiosidad o no facilita tener la retención fiel por la memoria de lo que se expone.

Por parte de los entrenadores es vital comprender es tiempo de asimilación de los jugadores, porque supondrá disponer de unas herramientas indispensables para tener éxito: como exigir, como imponer un determinado ritmo de trabajo en proporción a sus cualidades.

Obviamente, se necesita después la colaboración sincera del futbolista. Si no presta desde el principio una disposición abierta a trabajar conjuntamente con el entrenador, será inútiles cuantos esfuerzos se realicen para ser eficaces en los partidos. No puede asimilar quien no acepta ser enseñado, quien no se manifiesta dispuesto a atender. También nos podemos encontrar con la capacidad de aguante del jugador, de la capacidad de encaje de un jugador frente a sus obligaciones, muchas veces por su monotonía, por la perseverancia que se solicita, por su dureza que puede suponerle un desgaste físico y psicológico siendo un freno para toda asimilación.

Otro apartado indispensable para lograr la sintonía adecuada entre lo que se propone y lo que se asimila es la capacidad de los jugadores y su entrenador para navegar y asimilar las exigencias que proceden del trabajo en común. Nunca es lo mismo la repuesta individual ante lo que se propone que la colectiva. Hablar de fútbol es hablar de comunidad de intereses, entender todos lo mismo, responder a la vez. Todo ello definirá la categoría del compromiso de la asimilación de lo que se aprende y entrena en beneficio de todos.

CAMINO EQUIVOCADO O NO VER NINGUN CAMINO

La mayoría de las veces o en muchas ocasiones en fútbol el problema no consiste en coger el camino equivocado, sino en no ver ningún camino. El fútbol es complejo y delicado, por momentos parece que trata de ponernos a prueba. Salvo en las grandes ocasiones la alegría que nos provoca una victoria no tendrá la transcendencia ni la magnitud del disgusto que nos supone una derrota, y estamos hablando de tres puntos en ambos casos.

Estamos hablando siempre de una brega diaria, siempre hay que aprender y no hay mejor sustituto que la repetición, a veces suena a vulgar esta afirmación, pero la repetición de lo que harás en el partido, de manera intensa, detallada, eléctrica y exigente, te hará ver que lo que haces en los partidos ya lo has hecho antes en los entrenamientos a más velocidad. Se trata de empujar en los entrenamientos, persiguiendo los límites físicos y mentales de cada individuo. Se trata de trabajar en la frontera, de vivir en los bordes, allí donde el cuerpo se tensa y examina el carácter de los futbolistas ganadores.

No debe de olvidarse, que cuando una actividad es nueva para un futbolista y lo empujas a los límites, el índice de errores aumenta. Cuando adquiere o alcanza la zona de seguridad y previsibilidad es más difícil equivocarse, sus actuaciones pasan a ser automáticas inconscientes. Por tanto; frontera, novedad, incertidumbres, errores, aprendizaje etc. Siempre marchan juntos como si de la mano avanzasen.

Toda repetición es la llave maestra de cualquier aprendizaje, algo que todos sabemos pero que casi nadie aplica a conciencia. Si aprendemos a hablar, hablando; a caminar, caminando etc. A jugar se aprende jugando, pero jugando a lo que sucede en el partido, identificando bien los registros de juego que quieres que sucedan en cada enfrentamiento, provocando escenarios simuladores de situaciones reales de juego que después quieres que se cumplan, porque al final; somos y un equipo es: lo que repetidamente hacemos.

Tengo muy claro que no hay genio sin esfuerzo, todo requiere sacrificio y a veces los resultados no llegan cuando uno quiere, sino que se alcanzan a largo plazo. Una de las cosas más gratificantes de la vida y del fútbol es superar dificultades. Lograr los objetivos después de un gran esfuerzo continuado te hace madurar y te da más placer.

Durante este proceso habrá aciertos y errores, nunca fracasos, porque errar y fracasar no es lo mismo y no son dos términos sinónimos. Errar e s una manera de hacer las cosas, como acertar. Jamás se puede perder la confianza en nosotros mismos, porque sino todo se desmorona. Es en esos momentos cuando resulta extremadamente difícil reaccionar, pero es ahí cuando tenemos que luchar y no dejarnos llevar por la apatía o el desencanto y mirar para el horizonte. El horizonte, es el siguiente partido, el futuro que tenemos que conquistar, que nos vendrá a todos y llegará con o sin nuestro consentimiento, estemos o no preparados para recibirlo.

La mejor conquista de ese partido es el día a día, viviendo las realidades presentes, con ilusiones repartidas en cada esfuerzo, con una meta constante y el sacrificio máximo que nuestra limitación humana nos permita en cada momento, de cada semana, de cada día de la competición.

CAMINO EQUIVOCADO O NO VER NINGUN CAMINO

La mayoría de las veces o en muchas ocasiones en fútbol el problema no consiste en coger el camino equivocado, sino en no ver ningún camino. El fútbol es complejo y delicado, por momentos parece que trata de ponernos a prueba. Salvo en las grandes ocasiones la alegría que nos provoca una victoria no tendrá la transcendencia ni la magnitud del disgusto que nos supone una derrota, y estamos hablando de tres puntos en ambos casos.

Estamos hablando siempre de una brega diaria, siempre hay que aprender y no hay mejor sustituto que la repetición, a veces suena a vulgar esta afirmación, pero la repetición de lo que harás en el partido, de manera intensa, detallada, eléctrica y exigente, te hará ver que lo que haces en los partidos ya lo has hecho antes en los entrenamientos a más velocidad. Se trata de empujar en los entrenamientos, persiguiendo los límites físicos y mentales de cada individuo. Se trata de trabajar en la frontera, de vivir en los bordes, allí donde el cuerpo se tensa y examina el carácter de los futbolistas ganadores.

No debe de olvidarse, que cuando una actividad es nueva para un futbolista y lo empujas a los límites, el índice de errores aumenta. Cuando adquiere o alcanza la zona de seguridad y previsibilidad es más difícil equivocarse, sus actuaciones pasan a ser automáticas inconscientes. Por tanto; frontera, novedad, incertidumbres, errores, aprendizaje etc. Siempre marchan juntos como si de la mano avanzasen.

Toda repetición es la llave maestra de cualquier aprendizaje, algo que todos sabemos pero que casi nadie aplica a conciencia. Si aprendemos a hablar, hablando; a caminar, caminando etc. A jugar se aprende jugando, pero jugando a lo que sucede en el partido, identificando bien los registros de juego que quieres que sucedan en cada enfrentamiento, provocando escenarios simuladores de situaciones reales de juego que después quieres que se cumplan, porque al final; somos y un equipo es: lo que repetidamente hacemos.

Tengo muy claro que no hay genio sin esfuerzo, todo requiere sacrificio y a veces los resultados no llegan cuando uno quiere, sino que se alcanzan a largo plazo. Una de las cosas más gratificantes de la vida y del fútbol es superar dificultades. Lograr los objetivos después de un gran esfuerzo continuado te hace madurar y te da más placer.

Durante este proceso habrá aciertos y errores, nunca fracasos, porque errar y fracasar no es lo mismo y no son dos términos sinónimos. Errar e s una manera de hacer las cosas, como acertar. Jamás se puede perder la confianza en nosotros mismos, porque sino todo se desmorona. Es en esos momentos cuando resulta extremadamente difícil reaccionar, pero es ahí cuando tenemos que luchar y no dejarnos llevar por la apatía o el desencanto y mirar para el horizonte. El horizonte, es el siguiente partido, el futuro que tenemos que conquistar, que nos vendrá a todos y llegará con o sin nuestro consentimiento, estemos o no preparados para recibirlo.

La mejor conquista de ese partido es el día a día, viviendo las realidades presentes, con ilusiones repartidas en cada esfuerzo, con una meta constante y el sacrificio máximo que nuestra limitación humana nos permita en cada momento, de cada semana, de cada día de la competición.