La mayoría de las veces o en muchas ocasiones en fútbol el problema no consiste en coger el camino equivocado, sino en no ver ningún camino. El fútbol es complejo y delicado, por momentos parece que trata de ponernos a prueba. Salvo en las grandes ocasiones la alegría que nos provoca una victoria no tendrá la transcendencia ni la magnitud del disgusto que nos supone una derrota, y estamos hablando de tres puntos en ambos casos.

Estamos hablando siempre de una brega diaria, siempre hay que aprender y no hay mejor sustituto que la repetición, a veces suena a vulgar esta afirmación, pero la repetición de lo que harás en el partido, de manera intensa, detallada, eléctrica y exigente, te hará ver que lo que haces en los partidos ya lo has hecho antes en los entrenamientos a más velocidad. Se trata de empujar en los entrenamientos, persiguiendo los límites físicos y mentales de cada individuo. Se trata de trabajar en la frontera, de vivir en los bordes, allí donde el cuerpo se tensa y examina el carácter de los futbolistas ganadores.

No debe de olvidarse, que cuando una actividad es nueva para un futbolista y lo empujas a los límites, el índice de errores aumenta. Cuando adquiere o alcanza la zona de seguridad y previsibilidad es más difícil equivocarse, sus actuaciones pasan a ser automáticas inconscientes. Por tanto; frontera, novedad, incertidumbres, errores, aprendizaje etc. Siempre marchan juntos como si de la mano avanzasen.

Toda repetición es la llave maestra de cualquier aprendizaje, algo que todos sabemos pero que casi nadie aplica a conciencia. Si aprendemos a hablar, hablando; a caminar, caminando etc. A jugar se aprende jugando, pero jugando a lo que sucede en el partido, identificando bien los registros de juego que quieres que sucedan en cada enfrentamiento, provocando escenarios simuladores de situaciones reales de juego que después quieres que se cumplan, porque al final; somos y un equipo es: lo que repetidamente hacemos.

Tengo muy claro que no hay genio sin esfuerzo, todo requiere sacrificio y a veces los resultados no llegan cuando uno quiere, sino que se alcanzan a largo plazo. Una de las cosas más gratificantes de la vida y del fútbol es superar dificultades. Lograr los objetivos después de un gran esfuerzo continuado te hace madurar y te da más placer.

Durante este proceso habrá aciertos y errores, nunca fracasos, porque errar y fracasar no es lo mismo y no son dos términos sinónimos. Errar e s una manera de hacer las cosas, como acertar. Jamás se puede perder la confianza en nosotros mismos, porque sino todo se desmorona. Es en esos momentos cuando resulta extremadamente difícil reaccionar, pero es ahí cuando tenemos que luchar y no dejarnos llevar por la apatía o el desencanto y mirar para el horizonte. El horizonte, es el siguiente partido, el futuro que tenemos que conquistar, que nos vendrá a todos y llegará con o sin nuestro consentimiento, estemos o no preparados para recibirlo.

La mejor conquista de ese partido es el día a día, viviendo las realidades presentes, con ilusiones repartidas en cada esfuerzo, con una meta constante y el sacrificio máximo que nuestra limitación humana nos permita en cada momento, de cada semana, de cada día de la competición.