Cuando observas detenidamente los acontecimientos de un partido, te puedes encontrar múltiples y variopintas situaciones, muchas de ellas; sucesivas, alternativas y simultáneas, por momentos, una cascada de  tomas de decisión establecidas de antemano o no; debido a esto reconozco,   que a un  entrenador le es siempre muy complicado controlar de manera minuciosa lo que allí sucedió,  aunque esté perfectamente dirigido con todos los detalles de  lo que quieres que se produzca, incluido,  el camino hacia la portería contraria y los retrocesos a la propia.

La dificultad en muchos momentos no proviene de la utilización correcta y lógica de una serie de componentes que podemos combinar voluntariamente, sino de un perfecto ajuste temporal-espacial de la serie de rutinas que utilizamos en su orden para contrarrestar y proponer en cada instante de cada momento del juego.

Dicho esto, creo que es necesario mejorar al máximo en los futbolistas su capacidad para adaptarse a la infinidad de situaciones que el juego solicita, y por lo tanto se necesita actuar con lógica, conocimiento y de forma táctica, de forma coherente con las peculiaridades de la situación en particular, para definir y desarrollar la capacidad estratégica de juego de los futbolistas para batirse a cada rival.

No hay camino más eficaz que  practicar y practicar si se quiere alcanzar lo deseado, y para conseguir la pericia  es necesario practicar lo que quieres que se produzca a través del fenómeno de la transferencia. Esa transferencia nos permite que las tareas aprendidas en cada situación imfluyan en el aprendizaje, porque el entrenamiento es el banco de pruebas de situaciones reales diseñadas en unas condiciones de práctica similares a los momentos del juego que se sabe que van a suceder.

No existe otro camino más corto  y  mas rápido, que reclamar del entrenador su creatividad para construir situaciones de problemas estratégicos  y tácticos en el que los futbolistas puedan ejercer su conocimiento e iniciativa para contrarrestar a sus rivales. A partir de lo expuesto sugiero:

Que no se abuse de una práctica descontextualizada, desconectada de las situaciones reales de juego y descargadas de significación: Siempre. lo más real posible y que lo jugadores lo interioricen y lo sientan,( no solamente nosotros los entrenadores creyendo que algo está arraigado y no lo está) .

El análisis de cada rival propiciará la introducción de elementos que influirán evidentemente en la toma de decisiones de cada jugador en cada momento del juego en función de cada instante previsto. Estas circunstancias obligan y permiten que el futbolista pueda construir escenarios reales de decisión y no supuestos cerrados que difícilmente surgen durante la competición, para que todo ello conecte con el propósito del juego que cada equipo desea que se produzca.

Siempre el entrenador tiene responsabilidades para ofrecer las condiciones favorables para que conozcan las vicisitudes que engloba el juego ante cada rival, sus estrategias, sus exigencias de todo tipo, algo que en muchos momentos va más allá que la propia práctica en los lugares de entrenamiento ( análisis, observaciones, visionados).

No conozco un método mejor que optimizar los aprendizajes que el futbolista posee y avanzar para perfeccionarlos, creo que es la vía excelente para promocionar el progreso, porque de este modo; se favorecerá la construcción de las representaciones del juego del rival y el propio que uno  plantea.

El entrenamiento debe de estar cargado de aquellos elementos que tienen sentido y significan algo en el juego frente a un rival, para que una vez en ella los futbolistas la identifiquen y todo tenga  sentido en la competición, para que de  esa información adquirida sea posible su gestión rápida y de manera eficaz.

No creo en otro método que no sea  este, porque conozco que el futbolista toma decisiones como un acto intelectual que se basa en sus conocimientos adquiridos y arraigados en la representación concreta de lo que va a suceder con los requerimientos ambientales y de juego que se necesitan.

Solo se necesita que  el entrenador disponga de las herramientas necesarias y suficientes para crear en las situaciones de práctica, los elementos de complejidad previamente analizados, para que  vayan siendo progresivamente introducidos y repetidos. Siempre tengo el temor de  que una situación es realmente problemática cuando el futbolista no posee espontáneamente la respuesta a la misma, sino que debe de lanzarse a improvisar una solución no mecanizada e interiorizada que le proporcionó sus años o su  experiencia y sus vivencias en determinadas situaciones a través del tiempo.

No comprendo que las condiciones de práctica estén muy distantes de la realidad de la competición, en un deporte en el que la demanda decisional y las destrezas de los futbolistas hacen muchas veces  “bueno o malo” a un entrenador. Creo en las situaciones-problema porque en ellas los jugadores aprenden sobre indicadores de toma de decisiones, sobre lo que los oponentes realizan en sus actuaciones, porque la transferencia no  ocurre automáticamente como a veces se predica y muchos asumen, hay que planificarla y promoverla, pero indudablemente para poder hacerlo es imprescindible comprenderla.También  reconozco que haciendo lo opuesto se ganan partidos lamentablemente, porque lo futbolistas solucionan lo inesperado y dan lustro al trabajo mal hecho y convierten en triunfo un  trabajo deficiente.