Ganar parece difícil, aunque a veces no tanto y uno no sabe porqué y viceversa; en este deporte hay unos que ganan y otros que no pueden hacerlo, también es cierto que hay otros que empatan en un resultado en el que generalmente ambos pierden algo y tienen sensaciones confusas, porque el resultado y el rendimiento a veces no funcionan de manera homogénea. Esto es debido a que el marcador y el juego hablan por separado en idiomas distintos, no por sí solos en muchas fases de la competición y si a eso le añadimos que  evaluar la cantidad de goles para evaluar el funcionamiento de un equipo, la ecuación difícilmente se  resuelve de manera atinada o certera y se rescatará del partido lo indebido.

En el fútbol hay ejemplos para todas las teorías y si no las hay, ya habrá alguien que se las invente para tachar de moderno al equipo que últimamente o de repente gana. Son las cosas de este deporte que cuesta entender porque casi nadie comprende que los resultados no siempre hablan de los equipos y digo no siempre refiriéndome a tramos de competición, aunque conozco perfectamente que ese análisis no lo tiene que hacer nadie que no tenga ningún tipo de responsabilidad en el rendimiento de un equipo.

Lógicamente y lamentablemente por momentos, aunque suene a dispar y contradictorio, la victoria se acepta como buena sea como sea, se hace una evaluación de lo que se consigue, el resultado, del botín de manera única y exclusiva. Error este demasiado habitual que no deberíamos cometer porque los resultados no se analizan, debe analizarse el camino que llevó a ese resultado aunque comprendo la dificultad que conlleva; no debemos idealizar algo que se consiguió, yo no diría que de manera fortuita a veces, pero si poco merecida, aunque ya sabemos que explicar victorias es extremadamente sencillo y explicar derrotas es muy difícil y no puedes pretender que los demás te otorguen autoridad y razón ya que a casi nadie le interesan los méritos, aunque estos pueden enseñarte el camino a seguir, cosa que no todas las victorias lo consiguen, es más, puede hacer lo contrario.

Cuando finaliza el partido, el resultado es el que es, si analizamos la producción de juego, las llegadas al área y los merecimientos estadísticos la lectura puede ser totalmente distinta, ya sé que solo importa ganar, pero hay que sacar las conclusiones verdaderas, para no premiar como bueno, algo que no lo es, que es eventual o casual sencillamente porque se gana un partido o se ganan partidos  en un tramo de competición, porque esto se puede convertir en nocivo y muy perjudicial a la larga, porque si cuando ganas no sabes porque ganas, cuando pierdas no tengas ninguna duda de que lo sabrás en menor medida.

El fútbol tiene un componente único, una particularidad como principal atractivo, que es que se puede ganar de muchas maneras, ahí ya no entro, y a veces sin merecerlo y a la inversa y hay ligas en las que la característica principal es que no hay ningún equipo que puede demostrar continuamente que es superior al resto y donde ineludiblemente toman mucha importancia las rachas. Veo partidos en los que un equipo gana, porque cosas que pudieron suceder tranquilamente en el discurrir del apartado del juego incontrolable no sucedieron y estuvieron a punto, en definitiva, no tendrían que pasar cosas muy diferentes de las que se produjeron para que el resultado cayera del otro lado y todo ello cambiaría el análisis porque hay momentos en los que un equipo defiende bien y recibe goles y ataca bien y no marca y viceversa, aunque parezca un contrasentido, una incongruencia o una sinrazón; es muy real. Nos podemos encontrar un rendimiento de un equipo regular en sus medias ofensivas y defensivas en cuanto a producción de juego pero con resultados diferentes, solo porque su eficacia en las áreas ha cambiado y la del que juega enfrente ese día a esa hora, también.

Para terminar diría que solo es recomendable contabilizar la producción al final, cuando se consiguen o no lo objetivos perseguidos, las observaciones quincenales, mensuales hay que medirlas minuciosamente, porque son segmentos de la competición y a veces, los resultados por momentos son independientes de la gestión de juego, porque en fútbol el mejor del partido no siempre gana y el peor tiene posibilidades de ganar, sobre todo si es una liga de rachas y el perfil y el rendimiento de un equipo va cambiando durante el año, más de lo que uno se cree y alimentará siempre el arte de vencer a través de las derrotas.