Gran parte de la sabiduría en el fútbol reside en conocer tus limitaciones. Claro que nunca podrás estar seguro del todo pero siempre y cuando obres con prudencia, los resbalones serán pocos y siempre es mejor dar un traspié de vez en cuando, del que sin duda te recuperarás y saldrás más sabio.

En el fútbol siempre hay que toparse con situaciones desagradables que te dejaran un mal sabor de boca, pero si no pruebas los manjares amargos nunca saborearás en su justa medida, los dulces.

Durante las jornadas puede suceder que ganes o no lo hagas, cuando no lo hagas con frecuencia los problemas aumentan, esto es de perogrullo; a estos hay que echarles calma, un poco de cinismo, mucha acción y un gran control del tiempo.

La calma nos valdrá para ganar perspectiva y huir del alboroto y su polvareda para sencillamente no ofuscarnos, si te ofuscas te pones nervioso y lo único que consigues es multiplicar el problema y esconder la solución.

Una pequeña dosis de cinismo nos permite distanciarnos y ver el bosque sin focalizar ni ahogarte entre las ramas del árbol maltrecho, esto nos permitirá no distraernos y concentrarnos en la lógica y que no pueda distorsionar la razón.

En la acción, derivada del éxito semanal es siempre muy bueno reconducirlo, rebajarlo. Si pierdes, tienes que afrontarlo, porque de nada vale tener calma y un poco de cinismo si no van rematados de una gran acción. Los problemas reales no afrontados acaban con la estabilidad futbolística  del equipo a largo plazo.

Por último, se necesita un gran control del tiempo porque es determinante; aunque en fútbol al existir muchas partes, este control es más complicado, porque cada uno tiene su medida particular de ese tiempo, que puede vascular en cualquier momento entre la urgencia efervescente  y el roce con la serenidad absoluta.

Para bien o para mal cada club tiene su idiosincrasia  y su entorno, este entorno siempre condicionará, e incluso a veces puede llegar a alterar de forma sustancial nuestro día a día.

Por eso es tan importante tener una serena y permanente conciencia de la temperatura del ambiente que nos rodea. Aplicarle de forma habitual el termómetro del análisis para saber y concluir si aquel clima coincide con el de nuestro cerebro.

A pesar de los resultados que influyen en gran manera en el entorno, hay entornos que estimulan y otros que frenan; unos en los que la gente sueña por alcanzar algo y otros donde se duermen en lo que han sido y viven el pasado constantemente; unos que apuestan por lo nuevo y otros que se encadenan a lo trillado, en unos domina la libertad y en otros la limitación. El éxito siempre se encuentra al final de una carrera de obstáculos repleta de exigencias, contratiempos e incomprensiones que hay que estar dispuesto a asumir y afrontar. La base de ese éxito está construida con materiales fundamentalmente humanos: tesón, esfuerzo, voluntad fraguados con la inteligencia, la perseverancia y tenacidad.

Competir siempre será nuestra palabra mágica. Es mágica porque en ella se encierra toda la adrenalina cerebral  que ha alentado y seguirá alentando el desarrollo de las necesidades de los equipos y de sus jugadores para ser competentes, compitiendo consigo mismo y tratando de superar cada domingo a los demás. No me olvido de que para llevar a cabo cualquier logro en él fútbol se requiere un poco, a veces un mucho, de talento, de sabiduría, de voluntad y también en ocasiones, de suerte.

Jamás podremos vivir el fútbol como una actividad concreta si no sentimos en nuestro interior, en nuestras entrañas una potente y responsable ilusión por ser, conseguir y triunfar. La ilusión es el combustible de la pasión y esta es el motor de la competitividad profesional. Sin ella no hay nada que hacer. No descuido que un entusiasmo desconectado de la realidad no sólo puede hacer que no alcancemos nuestros planes, sino que además puede desembocar, tras un estrepitoso fracaso para el que no estábamos preparados, en amargos episodios de frustración y decepción.

Cuando esto suceda: SOLO existe un camino único y exclusivo: HACIA ADELANTE (De los errores no solo hay que aprender, hay que ganar).