Estamos terminando las ligas, todavía equipos están dirimiendo su final del viaje, ese camino que fue fuente de motivación semanal, hacia donde enfocaron todos sus esfuerzos y su entusiasmo, donde el éxito solo radicaba en superar a otros.

Apareció el miedo ese que te informa de que hay algo que percibes como una amenaza, que puede ser real, pero también puede ser una fantasía mental, que te hace sentir que no dispones los recursos adecuados para afrontar tu situación, algo lógico, todos hemos sentido miedo por afrontar algún desafío, es una emoción diría yo que normal. Pero hay que distinguir entre miedo bueno y miedo malo, el bueno nos indica que las cosas se pueden torcer, pero sabiendo que has hecho el trabajo duro y detallado de una preparación concienzuda y que has aprovechado la oportunidad en la medida de lo posible. El miedo malo es otro, es el que aguarda solo que las cosas se tuerzan, elude responsabilidades, inventa excusas…

Los jugadores encuentran una conexión entre su confianza ante un partido y la minuciosidad de su preparación, no estar bien preparado es abrir la puerta a la ansiedad y el miedo, todo ello nos lleva a toda la velocidad a tener mucha más presión, siendo esta mala compañera de viaje.

Jamás podemos esperar que los equipos jueguen bien bajo presión si no se han preparado bien para resolver los lances del juego, no es obligatorio sentir presión, los equipos con buena preparación solventan porcentualmente con cierta facilidad el tema de la presión del momento.  Si los equipos no practican con retos y competitividad no esperes resolver estos formatos de presión el día del partido. Convertir la presión en parte de los entrenamientos es necesario y obligatorio, el ambiente en el campo de entrenamiento es distinto al ambiente los días de partido, lo sé, y presupone muchas variables impredecibles. La clave para manejar la presión durante los partidos radica en reproducir en lo posible esa presión durante los entrenamientos, se deben incorporar asiduamente situaciones complicadas y propias de la competición y reproducir lances del juego, cuanto más se parezca el entrenamiento a un día de partido, incluyendo el tener que resolver situaciones inesperadas, mejor podrá el equipo afrontar la presión del partido, con una adaptación al estrés mediante un aumento de exigencias impuestas a los jugadores y al equipo.

Este método aumenta la conciencia que el jugador tiene de las situaciones potenciales de presión y lo dota de herramientas para solventarlas. Es probable que los entrenamientos que se ejecuten de este modo rebajen la presión en los partidos, al aumentar la conciencia de su existencia, reducir la ansiedad y elevar el grado de confianza.

Por otro lado, se perfectamente que cuando estás nervioso, pierdes la concentración y la atención, no está actuando con tu mejor versión y pierdes capacidad para rendir al máximo, esto le sucede a innumerables futbolistas a lo largo del año y ni ellos saben el motivo. Se persigue estar relajado, atento y concentrado, en esa situación lo que ocurre es que tu cuerpo y tu mente se integran juntos y trabajan al unísono, no es otra cosa que: tu mente deja de dominar esos diálogos negativos constantes que nos invaden y domina el dialogo positivo, ese es el momento en el que te acercas a tu verdadero potencial a tu verdadera excelencia deportiva.

Por último, creer en ti y en tus capacidades y gestionar correctamente tus creencias son un factor decisivo para el éxito. Nuestras creencias sobre nosotros mismos y sobre los demás determinan nuestros resultados en gran medida, ya que influyen en nuestros pensamientos y estos en nuestras acciones, por tanto podemos asegurar sin ninguna duda que: una creencia es una programación para el éxito o la derrota.

El camino más recto para obtener un rendimiento óptimo en la competición es conseguir tener un diálogo interno correcto, pensamientos positivos y de confianza te llevaran junto a lo anterior a obtener tus mejores resultados, ya que los pensamientos reafirmaran las creencias útiles para la competición y así tendrás confianza en ti mismo y estarás enfocado en hacerlo bien. Cuando te sientes seguro de ti mismo, eres más optimista y esta actitud te ayudara a estar en una frecuencia positiva durante los entrenamientos y en los partidos.

Cuando no crees que eres lo suficientemente bueno, tus pensamientos empiezan a funcionar así y para ser coherentes contigo mismo, te comportas tal y como piensas, es decir, negativamente. Por ello tener creencias que no te intoxiquen, que te potencien o que te limiten pueden aumentar o disminuir tu rendimiento deportivo.

Cuando tienes talento y capacidad pero no crees en ti mismo, puedes actuar de varias formas: no esforzándote lo suficiente en entrenamientos y en partidos, perdiendo partidos que deberías ganar o estando desconcentrado en los momentos clave. Estas creencias te limitan y son más fuertes que tu rendimiento y además pondrás numerosas excusas y personas a las que culpabilizar porque las cosas no han salido como deseabas. Si no eliminas estos pensamientos tóxicos, siempre tendrás un gran efecto negativo sobre ti y sobre todo, sobre tu equipo.

Estas creencias son aquellas cosas que tú crees sobre ti, sobre otros y sobre la vida que colocan limitaciones a tu potencial y en los resultados que obtengas. Son pensamientos que en muchos casos están forzados con emociones. Algún acontecimiento ocurrió en la vida de cada futbolista, sacó su conclusión y la absorbió emocionalmente. Creó su propia historia y su drama alrededor de su acontecimiento y rápidamente s se convirtió en parte de su programa mental que está guiando sus acciones y en definitiva sus resultados y lamentablemente sus respuestas.