Hacía semanas que quería escribir y no encontraba el momento, sobre las alineaciones que comienzan los partidos y las que los terminan. A todos; periodistas, aficionados y dirigentes les preocupa siempre quien sale de inicio, entiendo que los jugadores si que deben de estar ansiosos por saber si vas a ser de la partida.


Asistimos cada jornada a un fútbol que en el 90% de los casos se dirime en el último cuarto de hora, aun asi, le damos importancia a la alineación de los primeros 15 minutos.


Siempre le decía a los jugadores: Los once que salen tienen que competir el partido y no perderlo; los once que lo acaban tienen que ganarlo o conservar el botín que  poseen.


A la hora de confeccionar ambas alineaciones, me oriento por una serie de parámetros sostenidos a partir de una combinación de razones e intuiciones. Siempre prediqué que la intuición es muy necesaria y útil si va acompañada de la razón que es la que sostiene el método que da forma al estilo.


Intuir algo es un proceso instantáneo, intervienen los estados emocionales y muchas veces los afectos antes que la razón. Es como si intuyera que algo puede ser bueno durante el partido y no sé dar las razones convincentes de porqué lo hago, digo convincentes, razones tengo evidentemente, pero no lo puedo demostrar, pero te invade esa sensación. Evidentemente, si uno supiese decir el porqué, ya no sería intuición, sería razonamiento.


Las decisiones de un entrenador y sus intuiciones, sea en el ambito de la alineación inicial o final tienen que ir acompañadas de un riesgo controlado. Es decir, si lo peor llega a suceder no debe suponer un auténtico desastre en el partido.Debemos hacerle caso a la ituición pero no a tontas y a locas, con la excusa de que es intuitiva y quedarnos a observar lo que pasa. Finalmente, si la cosa sale mal, debemos de aprender para el futuro, que el camino enseña a partir del error.