En fútbol aparte  de lo puramente futbolístico existen una serie de elementos claves dentro de la vida interior de cada futbolista que pueden conducirnos al éxito o abocarnos al fracaso. Todo el mundo conoce que el peor enemigo que uno tiene es su propia mente, pero no le dedicamos el tiempo que merece a pesar de que lo consideramos vital para nuestro duro camino en una competición.

Ese camino que emprendamos, nos llevará siempre a enfrentarnos a miedos, dudas, inseguridades etc… con lo cual debemos hacer frente a estos defendiéndonos de sus ataques y luego dar un paso al frente para alejarlos de nuestro camino. Debemos ahuyentar  nuestros pensamientos negativos saboteadores, debemos aprender a defendernos del ego y darnos motivación, confianza, empujarnos a la acción en cuanto se nos presenten los miedos, las inseguridades y las dudas.

Siempre hay que dedicarle tiempo a la autoestima, la autoconfianza, la creatividad y el compromiso; no viene de serie en el “vehículo” que compramos para que nos traslade por la competición en forma de plantilla. Y esto va más allá de la actitud que adopto, las ganas que le pongo, la energía que trasmito y el esfuerzo al que me comprometo como jugador.

La autoestima y la confianza son básicas, ya que si alguien desconfía o no confía en sus posibilidades ni en la opción de desarrollarlas, su camino estará lleno de vicisitudes en el recorrido. La suma de las dos nos llevará a la motivación, porque nada ni nadie se mueve sin motivación: es imposible imaginarse que se hace algo sin una razón. Cuanto más fuerte es el motivo, más enérgica y fuerte será la acción que provoca; cuanto más fuerte es la motivación, más energías se movilizan y cuanta más energía tenga, más fácil le resultará actuar.

La autoconfianza entra dentro del terreno de las habilidades, de los comportamientos, de la pericia. Nos podemos encontrar un jugador en una fase de su vida que tiene confianza en ciertas actividades o dominar unas habilidades determinadas, pero a su vez tener una baja estima de sí mismo como ser humano con unas creencias limitantes que repiten mentalmente de manera constante y en las que terminan creyendo. A su vez la autoestima juega un papel decisivo, porque es el valor que se impone el propio futbolista como persona. Un jugador puede tener una alta autoestima de sí mismo y de manera simultánea, una baja confianza en ciertas habilidades o situaciones que tiene que lidiar en la competición; es todo muy complejo.

Que nadie dude, que los futbolistas tienen la necesidad de creer en sí mismos para poder conseguir los objetivos y las metas propuestas. No hay problema en quererse mucho a sí mismo a partir de las habilidades y destrezas con las que cuenta cada uno. Creer en uno mismo no significa distorsionar la imagen que tengamos ante el espejo, sino superarla; no se trata de una nueva realidad, sino apreciarse sean las circunstancias que sean. La autoestima es lo que permite a uno mismo a pesar de todo pensar: “yo creo en mi”, e inevitablemente este pensamiento nos convierte en poderosos.

Para el final dejo la responsabilidad y el compromiso que se necesita en la larga travesía que nos espera jornada a jornada, algo que debemos adquirir con regularidad con nuestras acciones y nuestros actos. Ser un futbolista responsable no es más que un hombre competidor de VERDAD, porque adquiere el compromiso con uno mismo, no con los demás como se pregona asíduamente, con sus acciones y comportamientos. Esta perspectiva es la que permite avanzar y transformar cualquier problema en una oportunidad, cualquier circunstancia en posibilidad. Esa responsabilidad tiene que ver con lo que hacemos y con como lo hacemos, de este modo seremos  siempre jugadores valiosos y actores principales de un modo o de otro en el funcionamiento de nuestro grupo.

Todo lo que no sea de este guisa, será una moneda al aire, porque a veces o muchas veces con el talento no alcanza y sobre todo en estos tiempos que vivimos, donde cualquiera se prepara y si  logra tener una mentalidad fuerte e intensa, marcará la diferencia.