Como cualquier persona, el futbolista necesita recuperarse constantemente y el ser profesional de la competición lleva añadido a su carga psíquica el aporte conflictivo de muchos problemas no resueltos. Hablar de fútbol y futbolistas es hablar de resultados y por tanto de afectividades cambiantes, junto al conflicto y la frustración conviven también el equilibrio y la respuesta oportuna, es la cara y la cruz permanente de quien es víctima de la urgencia de todas las semanas. No le bastará tranquilizarse un domingo después de un partido, volverá a encontrarse con los mismos problemas al día siguiente, y la emotividad no es un estado de ánimo que se consigue dominar de una vez por todas. Hoy puede ser un remanso de tranquilidad y mañana un huracán de presiones encontradas. Nos atreveremos a decir que trabajamos para que se imponga la madurez, para conseguirla el mayor número de veces, pero contando con que vamos a fallar de vez en cuando, porque el fútbol no es ajedrez, no es mover piezas en un tablero, las piezas del tablero no tienen personalidad, ni ego, no se rompen las piernas, no se cansan ni se trasladan a otros tableros de ajedrez cuando los traspasan o fichan.

Las ligas se reanudan ya a la vuelta de la esquina, tras este periodo inexperado e insólito para los hombres del fútbol, (futbolistas, preparadores, técnicos) habrá que observar las repuestas que se produzcan en cada rendimiento. Vendrán después de unas semanas de estar en la búsqueda continua de mejorar todos los aspectos condicionales y tácticos para saber manejar al detalle de cara a actuar con garantías de éxito en la mini competición que se aproxima. Esto no querrá decir que no hay improvisación en la competición, pero garantiza en este periodo corto una improvisación que nace de formas de hacer cosas que ya son conocidas y que a lo mejor ya funcionaban bien y que por tanto ellos las manejan perfectamente en situaciones de máxima exigencia competitiva. Situaciones que solo necesitan un pequeño retoque sobre la marcha y no una revolución completa en lo que se venía entrenando.

No es desconocido que un futbolista se mantendrá casi siempre en un dificil y apenas logrado equilibrio emocional, y más en este periodo que llega por primera vez en sus carreras profesionales que aparece de repente en el més de Junio. Si en una liga al uso, cuando cree que controla su psiquismo descubre que algo extraño le conmueve y empieza a sentirse inseguro y a vivir una temporada de sobresaltos que puede terminar tan rápidamente como le asaltó la primera perturbación, veremos como gestionan estos momentos no conocidos todos los profesionales que rodean a cada equipo. La competición antes, y ahora mucho más, en esta mini liga contra el crono irá  descubriendo sus últimas  cartas, mostrará sus exigencias y obligará a  reaccionar al futbolista desde su personalidad, teniendo que ofrecer respuestas adecuadas.

No pretendo asegurar con rotundidad que el futbolista es un manojo de conflictos, pero tampoco es un dechado de ecuanimidad a lo largo de toda la competición y mucho más después de este parón desconcertante, es casi imposible imaginar siquiera la figura de un competidor con todas las bazas en la mano, lo será en algunos momentos, mientras que en otros se nos mostrará como una persona débil, reclamando a gritos una ayuda en forma de diálogo, o de comprensión o de palabras seguras que le indiquen por donde seguir esforzándose. La preocupación de los entrenadores debe ser esta, la de descubrir los buenos momentos de cada uno y aprovecharlos en beneficio del grupo. Lo real de cada momento, que nadie lo dude, puede obedecer en ocasiones, a la realidad emotiva de ese momento, es decir, que la afectividad marcará el criterio conforme al cual un futbolista encuentra su mejor versión o todo lo contrario.

Pues esto comienza ya, si en todas las ligas estándar; ganar sin saber los motivos es extremadamente peligroso, en el que muchas veces es mejor  perder y saber porqué, que ganar sin tener claro que acciones han permitido la victoria, aquí en esta mini liga después de dos meses parados sin partidos de pretemporada en los que comprobar estados, ya dará exactamente  igual, solo sobrevivir a través de la frescura y sobre todo de la mentalidad del equipo.