En este mundial volvió el fútbol de siempre, el de toda la vida, porque todo lo que es moda, pasa de moda hasta que retorna de nuevo, aunque no le acompañara la estética, define bien lo que ha sucedido en este campeonato con la compañía inestimable de cada campeonato del balón parado y su nuevo aliado; EL VAR, ambos demostraron su eficiencia a lo largo del campeonato y brillaron en el último día del mismo.

Yo considero que el criterio más importante a la hora de analizar la realidad es la objetividad.  La objetividad siempre estará ineludiblemente sujeta a grandes distorsiones, causadas por las opiniones, los juicios, las expectativas, los prejuicios, las preocupaciones, las esperanzas y los temores del observador. La mayoría de las personas creen ser objetivas pero la objetividad absoluta no existe y mucho menos en este deporte. La belleza está en los ojos del que mira y esa mirada está influenciada sobre todo por el ambiente que rodea a cada persona. Lo que para uno es bonito, para otro puede no ser atrayente o sugerente, mucho de esto pasa en el fútbol.

Perder no significa siempre que se hayan hecho las cosas mal y ganar no es sintomático de que se hicieron todas las cosas bien. A veces los éxitos no son hijos del mejor fútbol, si se tiene por tal quien más amenaza el área rival, quien mejor transita con la pelota y quien más fortalece el fortín de su propia portería. El método y el estilo es bueno si se vence y sino es malo, es la congruencia y la paradoja con la que actúa la opinión futbolística. El resultado lo preside todo y marca tendencia.

Ahora se imitará a Francia por su nueva influencia, una selección plagada de talento individual físico y técnico pero que lo administra con cuentagotas a costa de un supuesto rigor defensivo que no es tal ni casi real, digo esto debido a la influencia de su portero en el noventa por ciento de los partidos disputados, marcando el devenir de la suerte de su equipo. No admiro a los equipos que cuentan con porteros salvadores cada semana aunque dejen la portería a CERO. Idolatro a los equipos que ganan y casi dejan a su portero en un papel secundario, casi desapercibido, esos sí que me demuestran solvencia y rigor defensivo.

Francia ha ganado y tiene el elogio universal por el triunfo en el mundial del VAR que favorece que casi el 45% de los goles fuesen a balón parado. Impulsor de un modelo que favorece lo que ocurre en las áreas pero que  ignora ni pone atención alguna entre lo que ocurre entre ellas, en el lugar mágico del campo aunque parezca  intrascendente después de este Mundial, esa parcela de terreno que  es y será esencial para el juego y su belleza, donde se puede crear y destruir, porque el fútbol no es solo jugadas de gol, de peligro o conflictivas, es el lugar donde se edifica el juego para no ganar de cualquier manera y mucho menos teniendo grandes futbolistas.

Como dice el titular, la realidad es interpretable, nadie tiene toda la razón, todos podemos tener un poquito de ella, que alguien podría pensar algo diferente sobre lo que sucedió y que eso podría ser verdad.