En un deporte tan especial como es el fútbol en que existen infinidad de situaciones donde la toma de decisiones, la agilidad mental, la resolución rápida de problemas adquieren un papel decisivo. El funcionamiento mental del competidor y la capacidad de controlar los estados emocionales, juegan un papel crucial para tener éxito en los resultados finales. Cualquier futbolista necesita desarrollar una serie de habilidades psicológicas, determinadas por las particularidades del fútbol, este tipo de demandas concretas están relacionadas con aspectos como: la relevancia social, los objetivos del juego, la exigencia física, el espacio en el que participa etc.

Son las peculiaridades de este deporte colectivo de oposición y colaboración que implica en cada instante que los jugadores tienen que estar unidos y coordinados para conseguir los objetivos grupales, puesto que cada jugador depende de los otros para alcanzar sus objetivos. El apoyo mutuo y la aceptación de cada jugador de su papel dentro del equipo, son características fundamentales que hacen que el rendimiento obtenido se produzca por algo más que las aportaciones individuales de los jugadores.

Todo ello en un recinto de juego con dimensiones especiales y al aire libre como es un campo de futbol que obliga a entrenar la capacidad atencional de los futbolistas de manera estricta, porque cada jugador necesita atender muchos metros cuadrados; en algunos casos el jugador debe de estar preparado para focalizar su atención en un solo estímulo como es el balón, pero en presencia de otros estímulos también, como son los contrarios y los compañeros. En otros momentos debe estar concentrado en dividir esa atención de forma que pueda procesar a la vez una gran cantidad de información; sus pensamientos, decisiones, percepciones y no sentirse en ningún momento desbordado ni sobrecargado.

Otra dificultad reside, en que el fútbol es un deporte cuya duración del partido está limitada de antemano, esta característica demanda aprender a controlar el estrés que en mucha ocasiones produce la falta de tiempo o la inminencia de un resultado negativo o positivo, y rendir al máximo tanto en condiciones favorables como desfavorables; si además de ello comprobamos que un gran porcentaje de goles se producen en jugadas de menos de 12 segundos, esta realidad implica que el jugador ha de desarrollar una gran rapidez y agilidad mental que le permita pensar en décimas de segundo la mejor opción posible; de aquí podemos deducir que en muchas ocasiones no gana el equipo que más tiempo tiene el balón sino el que más veces lo tiene.

Por otro lado, al ser un deporte peculiar de pocos goles generalmente, nos encontramos que la relación de jugadas de ataque y éxitos cuantificables es mucho menor que en otros deportes, por lo que con gran frecuencia, el equipo que marca primero gana o por lo menos no pierde. Arrastrar un resultado negativo supone un esfuerzo mental considerable, aparte del esfuerzo físico que deriva en un terrible esfuerzo y persistencia ante la dificultad.

Otra característica de este deporte, es que las plantillas son amplias o amplísimas y durante los partidos solo pueden jugar once. Esto supone que durante los entrenamientos, aunque cada jugador deba cooperar para intentar tener  un buen rendimiento, también debe aprender a manejar su motivación, que tiene que ver con la intensidad, voluntad y esfuerzo cotidiano par a intentar superarse, tocar los límites, para conseguir más minutos o alcanzar la titularidad. Factor fundamental ineludible de cualquier competidor es su motivación, para evolucionar se necesitan dedicación y sacrificio, hay que ser fanático de la profesión.

Hablamos de un deporte  y de un juego  en el que está demostrado que cada jugador siempre más o menos en función del puesto que ocupa y del estilo de juego de su equipo, está en posesión del balón poco más de dos minutos de media, el resto del tiempo, el jugador intercambia posiciones, selecciona y analiza información para tomar decisiones. Esta exigencia obliga al jugador a desarrollar su agilidad mental, trabajar su capacidad de juicio y aprender a calcular riesgos.

Porque lo único importante es vencer, conseguir la victoria, ese triunfo que hace que los futbolistas experimenten una gran responsabilidad por alcanzar resultados positivos, presión que no en todos los  casos saben hacer frente lamentablemente. Futbolistas que se agarrotan tanto física como mentalmente llevándolos al bloqueo decisional, que les impide rendir en los partidos al nivel que lo hacen en los entrenamientos. No tienen esa templanza, esa sangre fría para afrontar momentos límite y situaciones delicadas de máxima importancia y dificultad; esta es la gran diferencia entre los buenos y los mejores.