Antes de un partido y durante, el futbolista siempre tiene conversaciones consigo mismo, un monologo interior que puede ser dañino si los cosas no salen con asiduidad, hablamos de miedos y de dudas, hablamos de inseguridades e impotencias, hablamos de angustias y decepciones. Aparte de jugar con un rival que plantea obstáculos, jugamos contra nuestras distracciones que siempre están presentes, jugamos contra el nerviosismo, las dudas sobre la capacitación de uno mismo y la excesiva autocrítica. En resumen, se juega para superar todos los malos hábitos de nuestra mente que dificultan de demostración de todo nuestro potencial.

No se puede jugar y mucho menos ganar, con una aceleración mental: con muchos cálculos, con muchas preocupaciones, muchas expectativas, muchos nervios, muchos controles, muchas distracciones, muchos juicios. Es justo al revés, se necesita rebajar la estimulación y no pensar, si: he dicho no pensar; la mente en calma y en silencio para que se centre en el aquí y en el ahora en sintonía con la acción a realizar  y el propio ejecutor de la acción y que todo fluya.

La relación que establecemos con nosotros debe estar basada en la confianza en uno mismo, en confiar en los movimientos y acciones que tu cuerpo ha aprendido visualmente, en el banco de pruebas de los entrenamientos, observando lo que hacen los otros así como haciendo las cosas uno mismo, ejecutando  de manera automática inconsciente. No le pregunta a la mente para que lo dirija ni le permite que le dé órdenes, no hay dialogo, solo silencio y concentración sin pensar.

Cuántas veces hemos escuchado a nuestro jugadores decir que la mente no va, que la ansiedad, que si las dinámicas, que si la confianza en uno mismo no existe debido a los malos resultados etc. No tienen paz interior, sus voces resuenan en sus cabezas, siempre cavilando a lo loco gastando energía. No se puede  ganar un partido con esa mochila emocional cargada de elementos tóxicos que convierten a un individuo en un hombre a la deriva.

Se de sobra que no se puede acallar la mente simplemente diciéndole que no te hable, que no dialogue, ella casi siempre va a su aire, es independiente pero vive con nosotros para bien y para mal en muchos momentos de nuestra vida. Si el óptimo rendimiento como dice la ciencia consiste en tener  la mente silenciada y en calma, debemos de procurar distraerla para que no interfiera en lo que no le incumbe. Solo existe una manera válida, a medida que uno alcanza la concentración, la mente se calla, al mantener la mente en el presente, esta tiende a calmarse y pasar desapercibida, se vuelve muda, esta se mantiene en el aquí y en el ahora que es simplemente el estado que queremos.

La concentración en el juego no se logra mirando fijamente algo, no se puede forzar, ni tampoco es cuestión de pensar mucho, al contrario. Se trata de algo que sucede de forma relajada sin esfuerzo prácticamente, sin necesidad de control. Las mayores pérdidas de concentración siempre surgen cuando dejamos que nuestra mente imagine lo que va a ocurrir o recuerde lo que ya sucedió, esa mente viajera jugará con el contrario y será un enemigo más.

Esa energía consciente que necesitas para rendir en cada momento de cada instante de cada minuto para rendir al máximo de tu nivel la vas disipando y desgastando hacia el pasado o hacia un fututo imaginario e impredecible. Siempre hay momentos de flaqueza: un gol encajado, un penalti errado, una ocasión fallada, la recriminación de tu público, una mala acción etc. La mente puede abandonar la concentración y empezar a hablarte y empieza a quejarse y es un momento crítico porque desvía tu atención y tu energía del aquí y el ahora.

Entiendo que en una competición tan larga como es generalmente una liga de fútbol, los acontecimientos interiores en la vida de los jugadores se suceden constantemente: negativos y positivos. Debemos tener claro que nuestra mente vive con nosotros pero no siempre es una amiga o buena compañera de viaje. Cuando la mente se pone a imaginar el futuro, atrae la ansiedad y el miedo, que es eso, pensar en si no logramos lo que buscamos. Nuestra atención siempre tiene que estar centrada en el aquí y en el ahora, todo lo que debemos realizar en el presente tiene más posibilidades de éxito lo ejecutamos de este modo y así poco a poco el futuro se irá convirtiendo en el presente que deseamos.