Cada fin de semana, sabado o domingo por la mañana acompaño a mi hijo a que juegue su partido con el club al que pertenece en A Coruña. Mi hijo tiene 10 años, hablo pues de un jovencito en edad de formación que está aprendiendo a competir, a divertirse con el balón, con los rivales  y por supuesto con los compañeros. asi me lo tomo yo y asi trato de hacérselo ver a el.


Hablo de unas edades en lo que tenemos que priorizar el formar al niño y un niño no es un hombre pequeño. Digo esto, porque escucho a algunos padres y tratan a sus hijos en la competicíón como si estos tuviesen 12 años más de lo que tienen, escucho las conversaciones que tienen con ellos, los consejos futbolísticos “de su cosecha”, las instrucciones que le dan a sus hijos desde la banda. Estando el niño pendiente del balón, del rival, del entrenador y del padre vociferando. Tengo que reconocer que llego relajado al partido y marcho a veces estresado, ni me entero del resultado hasta que después me lo dice mi hijo.


Veo padres que por su condición, son la más poderosa e influyente fuente  por la que el niño aprende a construir su escala de valores y su propia autoestima.


Todos quieren lo mejor para sus hijos, pero con su comportamiento frustrado, desean que su hijo sea el futbolista que el no llegó a ser, provocando en los niños personalidades inseguras que  pueden afectar en el futuro inmediato.


También veo padres, que ven a su hijo como un cheque al portador o una inversión de futuro. Hay que reconocer que el éxito del futbol puede resultar muy goloso por todo lo que arrastra, el dinero que mueve etc. Algunos padres quedan cegados por estos supuestos atractivos beneficios.


Yo le diría a esos padres por los datos que manejo, que solo llegan a la profesionalidad 3 de cada 1000 niños en España y soy generoso. Los demás se irán quedando en el camino por distintos motivos ( estancamiento, lesiones, entrenadores que frenan sus carreras, desmotivación, etc)


Dicho esto, recomendaría a los padres que no se impliquen tanto en los quehaceres deportivos de sus hijos en edades tan tempranas, donde lo más importante es que se formen como personas,  adquiriendo habitos saludables para edades más avanzadas.