Como mí­nimo para intentar jugar al fútbol de una manera coherente, la que sea, se necesita o es necesaria una combinación, una mezcla de talento y actitud permanente. Siempre los jugadores a lo largo de los partidos, a lo largo de las semanas y por supuesto de los meses se enfrentan a muchos puntos crí­ticos, a situaciones inesperadas y a las que tienen que dar respuestas correctas y convincentes, y solo es posible el éxito si su talento y su actitud pueden hacer frente a las nuevas complicaciones o contingencias.

Entras en un vestuario y a los pocos días ya adviertes a las especies que  allí habitan. Jugadores talentosos con una gran actitud, estos son los que siempre soñamos. Otros son los virtuosos que tienen poca actitud, o insuficiente, no es su mejor virtud en su regularidad, estarán condenados casi siempre a desperdiciar su potencial, son seguramente los jugadores que nos darán más quebraderos de cabeza, de vez en cuando te camelan con una actuación
brillantísima esporádica, pero lo más probable es que a la larga se decepcionen a si­ mismos y a los demás. Por último siempre nos encontraremos con los más fiables, que son aquellos que no son muy virtuosos pero lo dan todo sin reproches ni medias tintas, aprovecharán la mínima oportunidad que se le presente por su gran predisposición y su gran voluntad. Porque en fútbol seas un virtuoso o no, siempre aparecerán situaciones inesperadas e incontrolables
que no se eligen, lo que si se elige son las respuestas que tú devuelves.

Los jugadores de fútbol tienen que pensar, luego sentir y por último actuar, no hay otro orden, el juego siempre pondrá a prueba: al talento, a los pensamientos y a las emociones, quien mejor venza los miedos muchas veces se llevará el gato al agua. Siempre existirá esa lucha o esa batalla interna que vive dentro de nosotros, los futbolistas no son una excepción, muchas veces vivimos en un drama oculto pero que es el timón de nuestras respuestas. Cada persona que se pone una camiseta para defender a su equipo se enfrenta a un amplio
repertorio de miedos que pueden anular, paralizar y por supuesto, disminuir rendimientos. Una amenaza constante sobre l actitud y la fuerza mental que deja influencias que jamás serán positivas y que convertirán a las piernas en esclavas del cerebro.

Siempre habrá un reto al que hay que darle respuesta, sea la primera jornada, la dieciocho o la última. Si un equipo juega con jugadores confiados será un grupo que cree que sus recursos superan a los de los rivales. Si un equipo se comporta sin esa confianza, mostrándose como un colectivo ansioso, es porque cree que sus recursos son inferiores a los de sus rivales. Siempre los jugadores y los equipos a lo largo de la competición se van
moviendo con frecuencia entre la confianza y la ansiedad, tanto antes como
durante los partidos a lo largo de las semanas y los meses.

Siempre habrá que hacer frente a las adversidades, nadie se escapa de ello. El fútbol se aprende mediante ensayo y error con las cargas emocionales y desgastes mentales que conllevan, por eso hay que entrenar las fases de juego con sus momentos del juego en los escenarios que simulen la realidad y que los jugadores las interioricen, para que cuando tengan un rival enfrente piensen: esto es reconocible, ya lo viví. Los jugadores para desarrollar el valor a fin de que las cosas funcionen en el partido, necesitan un entorno de seguridad psicológica. Siempre el entrenador debe reaccionar ante los inconvenientes con calma y racionalidad en situaciones de estados emocionales alterados. Porque al fin y al cabo, hay que enseñarle a los futbolistas durante muchos lunes que perder o fracasar, pese a ser decepcionante ofrece una valiosa información que es necesario interpretar para ser mejores la semana siguiente y te dará la oportunidad de realizar un gran aprendizaje que siempre será positiva en el futuro inmediato para tus piernas y tu cerebro, para pensar, sentir y actuar.