El fútbol cambia, evoluciona y sus futbolistas progresan, pero nunca puede darse un verdadero progreso sin el sincero reconocimiento de los obstáculos internos que los futbolistas  se ponen así mismos y al desarrollo de sus potencialidades cada domingo, parece que nos resulta tan difícil como antaño admitir esa tendencia que tenemos a interferir con nosotros mismos, la dificultad que supone construir ese puente entre el interior y el exterior puede dar mucho lucro y fruto en este deporte.

En el fútbol de hoy, no en el de hace  15 años, las principales causas de los errores que se cometen hay que buscarlas aparte de las prestaciones, en la mente del futbolista: en la tensión, en la duda,  en las lagunas de concentración que siempre están presentes más  que en la ignorancia de la técnica o en las destrezas. Se necesita trabajar de dentro hacia afuera más que nunca, intentando corregir las causas mentales  de esos errores, en lugar de corregir los síntomas externos por momentos.

En la mayoría de los casos, uno busca tratar las causas porque es más efectivo que tratar los síntomas. El fútbol en términos generales tiene mucho de incierto, por eso los seres humanos que lo practican tienden a vivir en un estado de duda, cuando dudamos de nuestras capacidades para  poder alcanzar los resultados deseados, o cuando uno piensa que no va a dar el nivel, uno todavía tensa exageradamente sus músculos. Todo ello nos introduce en el bucle de la duda, que es la causa fundamental de los errores en el fútbol, nos genera una falta de confianza agresiva en uno mismo como mayor enemigo, y que ataca sin avisar y nadie está exento, hasta el jugador más experimentado.

La falta de confianza la conozco perfectamente, es una sensación desagradable, es como una sombra que crea una incómoda sensación de separación con nosotros mismos, lamentablemente la conozco muy bien, genera inseguridad con su gran amigo, el miedo, este aumenta conforme nuestro sentido de la propia capacidad disminuye. Se trata de reducir nuestra falta de confianza para que nuestro miedo disminuya de manera automática.

En fútbol, en cualquier categoría, la diferencia entre nuestra mejor y peor versión es groseramente amplia y la duda es nuestro peor enemigo, genera grandes interferencias. Nuestro rendimiento consistirá siempre en: nuestro potencial restando nuestras propias  interferencias, ese será el verdadero resultado final buscando tranquilidad y control, básicamente para que el cuerpo haga lo que quieres que haga y en muchos momentos de la temporada no obedece necesitando esa concentración relajada que te permite tener tensión sin estar tenso para que no sea entorpecedora de nuestro verdadero potencial, ese potencial que se necesita para resolver todo el entramado de relaciones jugador-equipo con sus comportamientos y respuestas en el aquí y ahora, porque ese es el único tiempo y lugar en el que uno disfruta o padece para lograr algo.